viernes, 23 de noviembre de 2012

diente de leche








Tobi – Hoy no quiero la leche.
Matteo –¿Por?
Tobi –Mirá –Y abre la boca como para tragarse un puma.
Matteo  –Uh...ya se sale. ¡Mamá! ¡Tobi tiene un diente flojo! –mira a su amigo con complicidad y susurra– Vos quedate tranquilo. En esto mi mamá es especialista.

Envuelto en una servilleta de papel, el diente viajó desde el bolsillo de Tobi hacia su almohada, ahí donde el Ratón Perez diseña los puentes que unen los sueños de todos los niños del mundo.

miércoles, 22 de agosto de 2012

El corazón da cuerda


Más o menos abrazada por fantasmas
más o menos despierta
más o menos alerta

Como cerrando ventanas
a una música vieja
que viniera a buscarme


viniera
cerrando

como bailarina de caja musical
el corazón da cuerda al sentido de girar y girar
sobre estas
mis trincheras

solo lleva un tiempo
me digo

aunque no hay música en la cajita
por estos días
me mueve el silencio

pájaros dormidos rodean mi danza
sólo serán ciertos
por estos días
sólo estarán volando hacia adentro al despertar
hasta quemarse


jueves, 28 de junio de 2012

Lagunas





no diría que tiene una pena

sino más bien algunas
lagunas

diría que su cama está hecha de jaulas
de las que cada noche intenta salir
bate
bate las alas
se pelea con las puertas
y no sin resignar algunas plumas
lo logra
entonces hay amigos del aire
que como ella
han probado mil y una combinaciones
hasta dar con la que de una corriente
los lleva a lo más alto
ahí donde todo es volar sin esfuerzos
360 grados de colores para deleite
de los hacedores de realidades
con la materia de los sueños

cuando no
esconde el pico
la cabeza
y canta para adentro
otra sutil manera
de abrir jaulas

lunes, 25 de junio de 2012

Casi




ojos de violín reparado
cuerpo acostumbrado


ella dibuja soles
cree
pero el miedo 
avezado escalador de vértebras
 le sube por la espalda
como una certeza

es que a veces no le alcanza el cielo
el vuelo
cuando como ahora
la ciudad
se cierra de un portazo
y apaga la luz

sábado, 23 de junio de 2012

Pura Te

quién te va a querer
decías

con esos sueños desnudos
sobre cáscaras de almendra
a la deriva de ríos
que siempre desbordan

quién te va a querer
con todas esas mañas
esa manera de bucear
siempre hasta el hueso
la arteria
el hartazgo
para terminar llorando
y echandole la culpa a la lluvia
a los diarios
a las hormigas
al que sea

quién te va a querer
si por tu pelo asoman hipocampos que
en el momento menos pensado
se transforman en tiburones
en zapatos gastados
que arrojás contra las paredes
de lo que no te gusta
porque duele

quién te va a aguantar
en esas noches en que es suficiente
mirar tu cuerpo para cortarse
en que no existe domador de fieras
lo suficientemente diestro
como para poner de rodillas a tu rabia
y te salen animales por la boca
bestias sin selva
que giran heridas por los siglos de los hombres

quien te va a querer
si sos capaz de pegar pieza por pieza
los cadáveres de recuerdos suicidas
que mientras hacés el amor
saltan de tu escote a la cama
sabedores de tu berreta adicción de sanadora

con esa sed constante
si te subís al aire
como si fuera tuyo
vanidosa
víbora
vieja vizcaha
pura v

quien te va a querer
así
así
tozuda
torcida
tumbada
tarambana
pura te

si no te alcanzan los vestidos
para florear tu histrionismo
ni los rincones para esconderte
cuando la cosa se pone oscura
como el tango
como la palabra tumba

quien te va a querer
aunque siempre hay un roto para un descosido
pero no
vos no aceptarías lo uno
ni lo otro
saldrías corriendo por hilos y agujas
a rellenar
a remendar
a pincharte los dedos

quién te va a querer
princesa de arena
si basta que te alcance una ola
para desintegrarte
para empezar todo otra vez


Ignorancia

Perdoname

cómo eran tus días
tus noches
no quise saberlo

tus fantasmas
cómo te acompañaban
de la mano
al abismo
como niñeras buenas
que se relamían
por empujarte

sombras que cambiaban el nombre a las cosas
y ponían de cabeza tu almanaque

que temblaban en tu vaso
en la birome
en tu caricia

no quise saberlo
como se grababa
en tu rostro

el gesto
el último gesto
ya en caída libre
hacia el olvido















sábado, 19 de mayo de 2012

Matteísmos (perdí la cuenta)


La cultura implica ciertas renuncias

Sondeo a mitad de segundo grado para saber lo que me espera.

--¿Te gusta la escuela hijo?
–Sí, pero más me gusta hacer mis cosas –pausa reflexiva— Me gustaría ser el niño más inteligente del mundo. No tenés que ir más a la escuela, tenés todos los veranos libres y podés tirarte pedos cuando quieras.


Agradecé que no compró los media hora 

La abuela Silvia nos regaló una caramelera llena de masticables y caramelos de miel. Los primeros perdieron enseguida el papel, la forma y la consistencia; los segundos, duermen su sueño eterno en la cajita. Matteo, con el culo pegado a la estufa, compite con el mío y saca conclusiones…

–La abuela no puso muchos sugus en la caramelera…
– Puso más de los otros.
--¿A vos te gustan los otros?
-- No ¿Y a vos?
-- A mí tampoco. Son caramelos de vieja. Si los viejos comen sugus se les quedan pegados en los dientes.


¡Ese no era!
Llega mi amiga Dolo a casa, sinónimo de alegría, música, mate y muchas risas y el pequeño sabelotodo profetiza.

--Ya sé, Dolo. Ahora con mi mamá van a tocar la guitarra.
--¿Y vos cómo sabes?
--Me lo dice mi aliento… (en vez de olfato)



Taller de canto (¿o desencanto?)

--Hijo, ahora que mamá está aprendiendo a cantar, tenés que prepararte.
--¿Para qué?
-- ¿Cómo? ¡Para aplaudirme! ¿O me vas a tirar tomates?
--Platos con salsa te voy a tirar, mamá.

Creo que sabe que escucharme cantar puede ser una manera de resolver el Complejo de Edipo.



lunes, 9 de abril de 2012

una estrella


quiero saber el nombre
con el que madres olvidadas
te arrullan por las noches de los siglos
todavía

de qué duras rocas están hechas tus horas
de qué metales y minerales
que te tienen ardiendo por la tierra

una estrella entre las piedras

ignorancia


no sé decir tu amor

no sé decir que corre por mi cuerpo arriba abajo
enroscado
como serpiente de astros que dibuja en mi sangre
su ritual arrastrado


que como en un baile
me deja rodando
sin saber dónde termina la vuelta
ni cuándo

no sé decir tu amor

solo puedo llevarlo
como un cielo entre los ojos
como mariposas que vuelan juntas
como se silencia un deseo
para que se cumpla

no sé decir tu amor
más que habitándolo

por eso hundo mis humores de lluvia
en habitaciones vacías
escondo las manos
y esta tristeza de buscarte

así
porque no sé decir tu amor
tengo fuego en las piernas
y echo a correr por las calles
y me vuelvo fría
áspera y amarga

no se puede nombrar lo que no se conoce
y apenas bostezo en tu silencio
me despide un remolino de adioses
y una sensación de estar huyendo

la poesía crece de tu boca como un niño

y te dejo solo
porque no sé nombrarte
no sé decir tu amor

 pájaros que se esconden en mi pelo todavía
porque temen caer de este ensayo sin argumento
de esta improvisación que se pinta las pestañas
de este ramo de plumas de colores en el aire


sábado, 7 de abril de 2012

Mi agua



Hoy descubrí un mecanismo de mi mente que escribo para no olvidar, para que nunca más me encuentre desprevenida y así poder manipularlo a gusto y piacere, en cualquier momento que sea que me asalte, o que lo intente.


Desde hace bastante tiempo se me dio por pensar que no sé lo que quiero. Se me dio por buscar cual perro obstinado y hambriento, el hueso que supongo alguna vez enterré en cierta tierra fértil de mi espíritu y que se llama esencia. Debo haberlo escondido muy bien entonces, porque no se deja ver, oler y menos tocar.

¿Quién soy? ¿Para qué estoy acá? ¿Cuál es mi camino? ¿Quién deseo ser? ¿Qué destino quiero forjarme si es que puedo escribir las hojas de cada día de mi existencia hasta que el libro se agote?

Ahora sé que el hueso siempre estuvo delante de mi nariz.

Una situación que puede parecer de lo más trivial me develó el misterio que encierra el control remoto de mi cerebro. Es un aparato que funciona en automático, pero que, conociendo sus tretas, podría intentar accionar a mi antojo. Play. Ahora stop. Pause, apreté pause. Ya me vas a obedecer.

Desde hace un tiempo me cuesta leer. No por pereza ni falta de entusiasmo, las palabras han sido siempre una tabla de salvación en medio de incontables tsunamis devastadores.

Me cuesta leer porque me da placer. Pause. Rewing. Me cuesta leer porque me da placer. ¿A qué clase de bicho le cuesta proporcionarse placer? A mí. Freno el goce en tanto y en cuanto osa asomar el esmalte de la delicada uña de su pie en punta de bailarina clásica.

Si en pleno invierno, recostada en el sillón de tres cuerpos del living de mi casa, con sahumerio de limón, té con leche con miel, frazada, llego a la mejor parte de un libro –situación que es para mí una de las caras auténticas de la felicidad— el éxtasis no puede durar más que un breve instante, el que tarda mi cabeza en hacerme jaque mate.

Cuando estoy llegando al núcleo proporcionador de orgasmos intelectuales, como puede ser el capítulo 32 de Rayuela, cierro el libro y me dispongo a hacer las cosas más estúpidas que haría el más estúpido de los hombres si le pidieran que hiciera las diez cosas más estúpidas que se le ocurrieran.

Y lo peor es que cumplo con el ritual autoimpuesto como si de ello dependiera la salvación de todas las fuentes de agua dulce del planeta o la paz de las naciones de todos los continentes conocidos y por conocer.

Confecciono listas de estupideces. A saber. Se me ocurre que mis repasadores están bastante gastados. Pienso que tengo que renovarlos. Un pensamiento de esa magnitud no debería ocupar en mi mente más tiempo que el que dura la frase “Tengo que renovarlo”. Pero no. ¡Soy infectamente capaz de creer que NECESITO recopilar todos los repasadores de la casa para saber cuántos merecerían ser renovados!

Así me hundo en infructuosas búsquedas --que me demandan el doble del tiempo que me hubiera llevado leer el capítulo 32 varias veces y de derecha a izquierda— y que me dejan, justamente, hecha un trapo sin ganas de nada más que de tirarme al sillón a lamentar mi cansancio.

Busco por horas en cajones en desuso, reviso los cestos donde se apila la ropa para lavar, abro y cerro el horno varias veces, miro debajo de las camas, desguaso los roperos de todas las habitaciones, le echo un vistazo a la ropa de la estación contraria –prendas que se me caen encima ni bien abro puertas a las que nunca llego sin subirme a una silla.

Al finalizar la tarea, en realidad, nada finaliza excepto mi inquietud de continuar leyendo. Jamás voy a saber cuántos repasadores tengo porque me importa un pito saberlo. Es más, me importa menos que un pito –los pitos me han importado más de lo que quisiera y en más oportunidades de las que quisiera.

Así opera mi mente. En cuanto ve que la felicidad o el placer, que se le parece bastante, están por asomarse al lago calmo de mis horas idénticas, activa un resorte que me dispara a millas de ahí. Es como si creyera que tanta belleza fuera demasiado para mí. “Tenés que…” lo que sea. Hacer compras, contar las baldosas que faltan en la vereda, sacarle los pulgones al rosal, hacer un llamado postergado que tal vez vuelva a retrasar por alguna otra actividad infértil.

Basta mente podrida. Te agarré de las pestañas. No voy a tirar mucho, pero sí lo suficiente como para que no cierres los ojos. Te voy a mirar de frente para fumigar con mi insolencia tu mala entraña.

Desde hoy estamos en guerra. Voy a leer cuanto se me cante, voy a viajar a los países que quiera, como quiera, con quien quiera. Voy a inventarme un nombre que no conozcas para burlar tus prácticas. Me voy a reír de vos.

Y en mi mochila no voy a guardarte ni un chicle. Todos los bazooka de banana para mí. Te voy a dedicar los globos, eso sí. Globos bien grandes que voy a explotar de cara al cielo mientras pienso en Oliverio, en Neruda, en el toco tu boca. Llegó la hora de temblar como la luna del último verso del capítulo 7. En el agua. Mi agua.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Fionita

Cuando tirás el auto contra el cordón de una calle cualquiera para desparramarte en llanto sobre el volante, es porque duele mucho. Duele en el corazón, que no es ningún músculo bobo.

Mi mente le explica, trata de hacerle comprender, intenta convencerlo, lo reta, lo sacude. Y es peor. Mi cabeza cuelga sin protocolos en el hueco de mis antebrazos. No existe nada en el mundo más que mi llanto.

No quiero llegar a casa porque no vas a estar para recibirme con tu cuerpo macizo y movedizo, no te vas a colar por el portón para atribuirte la postestad de algún huesito del perro del vecino, no vas a molestar a Silvestre, que seguirá repitiendo frases desde su encierro plumado pero ahora sin entender qué pasó con su archienemiga, por qué ya no viene a entretenerlo en esos rituales de cacería frustrada en que él te picoteaba y vos lo olfateabas y se repelían casi con cariño porque en el reino animal los odios y los amores son tan sencillos.

Por eso mi amor hacia vos era sencillo. Simplemente estabas en mi vida.

No pudiste aguantar, gordita. Yo te pedía que aguantes, rezaba sobre tu cuerpo caliente, te miraba para que no te fueras, me clavaba en tu sufrimiento para no dejarte sola en eso que me imaginaba, era tu despedida. Me parecía que si te miraba podía retenerte.

Te decía todo está bien, te mentía de la manera más humana posible para que me creyeras, mientras tu corazón se extenuaba y tus pulmones se desinflaban. Sostenía tu pata esperando el milagro y te decía “Ahora viene Anita, mi amiga Anita, la veterinaria, te lleva en la camilla y te vas a poner bien. Aguantá, gordita.” Pero no aguantaste más y ahora tengo que soltarte.

Le dije a Matteo que seguramente estás en el cielo, que allá todo es lindo, que tenés mucho pasto, que vas de nube en nube, liviana. Ojalá sea cierto. Jurame que cuando te reencarnes vas a venir a visitarme y vas a hacérmelo saber.

Sé que luchaste hasta el final. Querías quedarte a cuidarnos, a rezongar por la incorporación de Pompón al territorio hasta entonces exclusivo de tus mimos, a babear a los invitados con impunidad. Te quiero, gorda.

Dondequiera que tu alma se vaya, que se filtre alguna vez en mis sueños para volver a sentir tu olor, para no olvidar el anormal ritmo agitado de tu respiración, tu nariz chata apoyada en la mía, momento en que sentía que los probelmas no existían, porque vos, representante del reino natural en su expresión canina me confirmabas que la vida era todo fluir en ese acto espontáneo de amar sin pedir nada a cambio.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Eso

inhalar y exhalar
soplar hasta entender el aire
correr porque sí
porque es lindo sentir las piernas
ser una fruta
latido
el instante en que muerdo
la cola del tiempo
y echo a volar


dar la vuelta al mundo
en 80 besos


eso



miércoles, 14 de septiembre de 2011

Opera




quién sabe por qué

en un solo movimiento

trágico

como final de ópera

le arrebataste al aire

la burbuja

en la que te habías mirado


ahora hay el vacío

domingo, 11 de septiembre de 2011

Matteísmo

--Mamá…me contás una historia de animales como las de Animal Planet? ¿Te acordás la del tigre que atacó al nene? ¿Cómo hizo?


--Es que antes las casitas no estaban una al lado de la otra, como hoy. Había mucho espacio entre una y otra. Y muchos animales sueltos. Y un día un tigre atacó a un nene en el patio de su casa…pero por suerte logró salvarse.

--¿Y qué le hizo?

--Apenas le mordió la mano…se ve que no lo quería lastimar.

--¿Cuántos años tenía?

-- Tendría cinco…

--Ah, claro…no se pudo defender –silencio reflexivo-- Yo si veo un tigre…salgo cagando.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Camino

no podía salir de mí
porque no podía saber donde estaba yo


trabalenguas 
traba-almas



se ruega con suma urgencia
un dador de razón
para esta fatigada
materia gris

si así no fuera
se ruega el coraje
de bajar al corazón
y con cintas de colores
remontarlo

las cintas pueden ser a lunares

cuento dos millones de noches en vela
exagero


voy tejiendo en mis ojos un camino que termina hoy
hasta mañana

sábado, 27 de agosto de 2011

La que baila

tengo una huella digital
en un sobre blanco
estirada
para que no se arrugue

la saco del sobre
finamente
la pinto en el suelo
y me paro en su centro

giro sin pisar
otra marca
que no sea
la de mis surcos

giro,
giro
y río

empiezo a saltar
en mí

abro la ventana
soy la que baila

viernes, 26 de agosto de 2011

Vaquitas


la película empieza en mis pies
y termina en los dedos de mis manos
estiradas al cielo

mis uñas están despintadas
pero me gusta
como lucen al sol

diez vaquitas
de San Antonio
una por dedo
una por deseo

deseo diez deseos
cada día

y cuando me excedo
lluvia de vaquitas

por suerte
no llevo paraguas

sábado, 13 de agosto de 2011

Sueños de una noche...


              Ronnie Warner, en su versión de “La Noche Estrellada" 



En verano la noche es un país sin fronteras por el que entro y salgo como de una casa con jardines. El aire me toma y de pronto soy la Monroe con su vestido soplado. En sintonía con los bichos que pululan tras su aburrido anonimato invernal, me siento parte de algo grande.


Entro por ventanas encendidas, ceno menús mediterráneos, me sirvo de los más adornados postres y hago el amor con el deseo. Esto y todo, mientras camino por avenidas ruidosas y subo a patinetas de colores que me llevan a mundos que Alicia no imaginaría.

Si estoy frente al mar, el paisaje me desviste hasta dejarme hecha un alma, un humo que se agiganta y comprime al ritmo en que respiran las olas. Recostada en la arena me disparo al universo como pájaro que acaba de descubrir el cielo.


Con un estado ortográfico de puntos suspensivos voy saltando y escapando de la corsetería barata de las publicidades. El amor se estira en mí como una masa esponjosa y no puedo más que sentir que un millón de vidas ancestrales han venido a resumirse acá, en mi latido.


jueves, 11 de agosto de 2011

Celebraciones y honestidad brutal

Gabriel --diez años-- está excitado. Es la primera clase de apoyo escolar con una "seño" nueva, que soy yo.

Hace preguntas que no tienen nada que ver con la tarea, se distrae y compite con su amiguito --que está con otra "seño"-- a quién termina primero. Al fin, se va una unidad.



-¡Terminé! ¡Terminé! -grita al tiempo que le refriega la hoja por la cara a su contrincante- ¿Ves? ¡Tengo más CELEBRO que vos!



Al rato...

-¿Tenés novio? ¿Cuántos años tenés? --me dispara.

- No tengo, ni ando buscando ¿Por?
- Ah... -decepcionado- Quería presentarte a mi hermano más grande, de veinte.

- Ey...yo tengo treinta y dos.

- ¡Ah, no! ¡Entonces no! Sos re vieja.

lunes, 18 de julio de 2011

Matteísmos...

El tiempo pasa...

Primer grado. Dictado. La palabra es Mario. Mi amiga María Eugenia fisgonea mi cuaderno.

-Lo escribiste mal, va con acento en la i -susurra.
-¡No! Va sin acento -le aseguro- si no sería Marío -hago hincapié en el acento.
- ¿Entonces por qué María sí lleva acento?

Confundida y con poco tiempo para reflexiones, le enchufo una tilde a la i de mi Mario y entrego la hoja mientras que mi amiga, también en duda, borra la tilde de su Marío y se saca un diez.

La anécdota pasa de largo como tren de carga por la cabeza de Matteo que parece concentrado en otros pensamientos, aunque escucha. Días después, mientras le hago cosquillas...

--¡Pará! ¡Pará o le digo a tu seño que te copiaste de tu amiga!
--Uhhhhhhhh, Matteo, eso fue hace un montón...
-- Tenés razón. Tu seño ya debe estar muerta ¿no?


Palabras que dan risa
Matteo se ríe solo en la cocina.

--¿De qué te reís hijito?
-- De un nene de la escuela.
-- ¿Y qué pasó con ese nene?
-- Tenía un aliento horrible.
-- ¿Y?
-- Le pregunté que había comido y me dijo "porotos"...