viernes, 12 de junio de 2009

UN INFIERNO.



Ya no recuerdo las circunstancias de mi muerte, pero no me preocupa, acá es así, es parte del programa intensivo de olvidos, que dictan las maestras frustradas del infierno.


- “Ya tenemos demasiados ángeles obesos” -escupió San Pedro cuando me vio aparecer por el cielo con mis más de cien kilos de humanidad. Acto seguido, ligué tal llaverazo que caí de culo en el purgatorio en medio de una mesa recién servida, con todos sus comensales lanzados al banquete.

Enseguida me abordaron un grupo de pecadores solidarios que participaban del reality “Cuestión de Fe”, conducido por los antepasados del Dr. Cormillot. Ellos me explicaron en qué consistía este lugar, en el que (se suponía) debía prurificar mis pecados terrenales. Dado que el más grave de ellos había sido la GULA, mi "cura" espiritual consistía en una estricta dieta de 600 calorías diarias que viniera a compensar aquellos atracos de tardes de cine en que sabía devorar un cuarto de quiosco en menos de lo que duran los adelantos.

Ahí fue cuando comprendí, por qué en vez de la luz del túnel o la cara de mis muertitos más queridos, en el final de mi vida sólo pude ver imagenes de mis manos abriendo los envoltorios de miles de alfajores de distintas marcas y tamaños, mi boca dispuesta a intervenir sobre bocados enormes, papas fritas con mayonesa, hamburguesas, ñoquis con salsas de todos los colores, capelettis, marineras empapadas en aceite, choripanes, cañones con dulce de leche, pastafrolas, chinchulines. Una y otra vez, mi boca de todas las edades, reproduciendo mordiscones, moviendo sus engranajes, formando la pasta previa al bolo alimenticio.

Lo más llamativo de que aquella proyección era su retrospectiva ya que terminó con la imagen de un bebé angurriento, enrojecido de furia por no conseguir sacar más leche de una teta materna textualmente reventada. Era yo. Sí, la gula, definitivamente me había acompañado desde los primeros suspiros y Upita la la.

En el purgatorio debía controlar mis impulsos y no caer en la tentación de esconder entre las nubes los salames y bizcochos de grasa que solían dejar como "cebo" los productores del Reality. Nos filmaban con cámaras ocultas que trasmitían, en vivo, para delicia de querubines, arcángeles y toda la troupe celestial, quienes eran los encargados de dejarnos fuera del juego, con el significado que esto tenía: seguir rodando escaleras abajo, esta vez hacia la última parada del infierno.

Nadie puede decir que no lo intenté: me inflé con más de tres litros diarios de agua, les inventé consistencia a las magras barritas de cereales, consumí todo lo que contuviese en su frente la palabra LIGHT y hasta escribí mis deseos y frustraciones infantiles en papelitos que todos quemamos llorando en hogueras comunitarias. Mostrarse en malla, con los colgajos al viento en el mismo instante en que se producían los encuentros "sorpresa" con familiares lejanos también muertos, era el punto más algido del rating. A veces sucedía que algún participante ni se acordaba del pariente en cuestión, pero luego de escuchar los golpes dramáticos de la música y adentrarse en los detalles morbosos de su muerte, no se podía más que estallar en llanto, al menos para sublimar tanta hambruna o para no decepcionar la necesidad ajena de emociones violentas. Pero no fue suficiente. La producción del purgatorio tenía un minuto a minuto demasiado exigente.

A mi favor, debo decir que adelgacé unos cuantos kilos; en mi contra, que no siempre jugué limpio. Algnas pastillitas compradas a los narcos del purgatorio, apuraron ciertos efectos. Hasta acá, nadie había notado mi trampa, e incluso, era una de las "favoritas" de la triubuna reforzada. Pero todo cambió el día en que la conductora, una teñida desquiciada que meneaba obscebamente sus siliconas por videconferencia celestial, me preguntó: ¿Siempre fuiste gordita? Enloquecí ¿No le bastaba ver los surcos de mi castigada anatomía? ¿Tenía que clavar su aguijón en el costado más vulnerable de mi autoestima? La ira se apoderó de mí. Me sentí como uno de esos personajes alienados de 1984, en sus Dos minutos de Odio. De fondo sonaba Bebe: “Hoy vas a descubrir que el mundo es sólo para ti…” Entonces, destrocé a patadas el decorado, salté sobre la balanza hasta reventarla y amenacé a Dios ante las cámaras con las palabras más indecentes de la Historia Universal (terrestre y celestial) Un grupo de profesionales me sujetaron y la producción pidió "un corte".

El resto de los gordos, aún los solidarios, se me vinieron al humo alegando que de mi saco se habían caído unas tabletas de pastillas no permitidas en "Cuestión de Fe". Forcejeo va, piña viene, empecé a rodar escaleras abajo hasta impactar contra un paredón que terminó siendo un pasadizo secreto hacia el infierno.

Pese al estruendo de mi caída, el diablo ni me miró. Estaba profiriendo insultos y amenazas telefónicas a un político de poca monta a quien le había comprado el alma por algunos euros.

- Sr. Diablo -le dije temerosa- creo que no llego en buen momento.

Él finalizó la conversación, hizo un fondo blanco de vodka y echó fuego por la boca aportando su cuota de destrucción al calentamiento global, con sus consecuentes incendios, deshielos e inundaciones. Después me miró y largó una carcajada.

- ¿Querés hacer algo por mí, gordita? - aventuró. A pesar de que no me hiciera gracia el "gordita", me dije que era el momento de mostrarme decidida. Si debía quedarme en el peor lugar, al menos que fuera bajo un trato especial.

- Lo que usted mande, Don.

Se ve que le caí bien de entrada porque enseguida me invitó a la suite nupcial y, tridente mediante, probamos el kamasutra en todas sus variantes infernales. Desde entonces, soy su secretaria. Mi oficina es la popularmente conocida “Antesala del Infierno”.

Detrás de estas paredes, todos la pasan muy mal, casi todo el tiempo; menos yo, que la paso mal, sólo veces. Si ustedes se quejan de sus jefes, no querrán saber lo que es el mismísimo diablo de mal humor.

martes, 9 de junio de 2009

TRIO DINAMICO

Supe todo iba a salir bien (que todo ya estaba bien) cuando cuatro horas antes del show, en el departamento de Tania me recibió "La Noe", buclera en mano, dispuesta a enrularme hasta el último reflejo rubio/violáceo.
Recién entonces entendí que la presión por el tecnicismo y la obsesión por la perfección de las formas, había obnubilado el verdadero sentido de este ritual aéreo: la amistad.
Una de las cosas más lindas de hacer acrobacia en telas es gozar de la compañía de exquisitas criaturas dispuestas a volar en comunidad: mis amigas y amigos telistas.
No era una coreo más: en telas contiguas a la mía, estarían ellas, Noe y Tania, dispuestas a esperarme si me atrasaba, confiadas en que yo también esperaría, lanzadas a brillar.
Nada podía salir mal, y aunque así sucediera, esto YA valía la pena, sólo por estar juntas compartiendo una tarde de mates, sugus y risitas panicosas.
La mesa de Tania era un desfile de hebillas, la buclera pasaba de mano en mano y de cabeza en cabeza y un aura de armonía se dejaba inhalar tomando atajos secretos hacia el alma.
Ahí estábamos de nuevo: el trío dinámico en acción. Con nuestros colores y opacidades, sin nada que ocultar.
Una vez en el show, subimos, nos dejamos llevar y tal y como sabíamos que pasaría, nos esperamos.
La canción fue fugaz como beso robado.
Irrepetible.
Y al bajar, cuando la música acarició nuestra victoria con sus últimos acordes, los aplausos de tantas manos queridas rebotaron en nuestros residuos de adrenalina, esos que ahora podíamos bautizar "FELICIDAD".


viernes, 5 de junio de 2009

DESOLADA, NO. DESALADA.


4.38.
4.38 AM y yo despierta.
Cuando una noche fría arranca mal, lo peor que puede pasar es que la frazada te quede corta (y no es una hipérbole) Tiro y tiro y se sale de la cama. Maldita sea. Pienso “dormite, dormite, dormite”, y nada. ¿What Up? Lo segundo peor que te puede pasar, es desvelarte.
Como todo insomnio, el mío también tiene un motivo, una imagen que se repite, que viene una y otra vez a mi mente como un tren que avanza en círculos y que retorna siempre a la misma estación.
La imagen es esta: Tania, Noe y yo, ensayamos la coreografía de telas, y no sale. ¡No sale! La cuenta regresiva termina el domingo, en una función donde nos esperan todos nuestros seres más queridos, con las palmas preparadas para aplaudir. Y en mi cabeza, la coreo no sale. De repente, me quedo enredada en mitad del show o voy a destiempo con la música, mis pies no están en “punta” o llego tarde al final de la canción. Y cuando termina el evento no quiero ver a nadie. Ningún “Salió hermoso”.
Escuchame nena, me digo, hay cosas más importantes por las que estar preocupada en este mundo. Dejate de joder. Igual, no me duermo. Ahora tengo algo más de qué culparme, no sólo no soy capaz de alcanzar mis objetivos estéticos o artísticos sino que soy una superficial. Genial ¿Es que me creía distinta de las cabezas huecas que bailan con Gieco en el video de Los Orozco?
Esto último no ayuda en nada a conciliar el sueño.
Y cuando intento pensar en otra cosa, hacer un doble click mental y echar todo a la papelera: el archivo no se puede eliminar.
UF. Comprobado. Mis peores pesadillas, son en la vigilia.
¿Por qué no lo estoy disfrutando? ¿Por qué imagino que nada sale? ¿No es lo que me gusta hacer? ¿No soy feliz dejándome llevar por la caricia del aire en la caída controlada? Ese es el tema. No estoy dejándome llevar por la caricia. No sé por qué. La causa. Cada pensamiento negativo es una pluma menos y la noche palea cal sobre mis alas enfermas. Quiero volar otra vez.

miércoles, 20 de mayo de 2009

LA POSIBILIDAD ERA BLANCA



De pronto estaba en tu palma. Ahí donde hace un rato no había nada, ahora se agitaba una pluma blanca. Quién sabe de dónde venía, qué brisa la había traído hasta vos, pero ahí estaba, con sus pelillos.


Ibas por una calle cualquiera, sin rumbo, cuando se pegó en tu abrigo y casi por inercia la despegaste de vos para mirarla. Algunos habrán pensado que estabas loco (por tu manera de acercarla a tu cara hasta ponerte bizco) pero vos bien sabías que no, acaso algo extraviado, náufrago de plazas, sin saber qué hacer un domingo, sin un deporte practicado desde chico que te rescatara del regreso involuntario a la vida impar.


Desde que ella te había dejado, andabas por ahí, como alga que se desprende del fondo barroso y se deja arrastrar por la corriente submarina. O no, más bien como un pedazo de estatua que se desprende del original, cascote que rueda solitario hacia su inexorable destino de polvo. Tus días eran gemelos, hombrecitos de papel unidos por los brazos de las horas, consejos resbalosos cayendo en tu tristeza como en un aljibe.
Desde que no podías jugar con su pelo, quién sabe por qué extraña asociación, los libros te parecían algo triste. Para qué engañarte. No iba a volver. En eso pensabas cuando apareció tu pluma. No podía ser un hecho fortuito. Alguien te encomendaba la suave misión: soplarla, acariciarla, hacerla danzar. Sentir que otra vez podía pasarte algo (aunque no supieras qué) una soga para salir del pozo, una mano, una pluma.

Cada vez que habías buscado la puerta hacia alguna parte (y los bares estaban cerrados, clausuradas las cantinas, tapiados los corazones) esperabas algo. Como una fiera ciega y vieja busca con el último aliento el mejor sitio para ir a morir, vos buscabas, esperabas, el mejor sitio para vivir.

Ahora tenías con quién absorber la última intención de luz de la tarde. No te importaba por cuánto tiempo, ni la edad de la pluma, sólo sentirla conectada a tu vibración interna, como si compartiera con vos la tensión de hacer equilibrio en la misma cuerda. No como esas noches de tabaco y cerveza, hablando de cosas que no te importaban, con caras que no reconocerías porque no te interesaba retener, con nombres que si te los dijera jurarías que nunca escuchaste, dejando pasar los días; como un chico que se ratea de la escuela, rateándote del tiempo. Noches en que las burbujas subían al vaso y vos las mirabas con temor a que cuando todas explotaran te tocara a vos, el joven que explotó de amor, titulares blancos sobre placas rojas. Y sin embargo, no explotabas.

Tu casa te veía llegar borracho, chocar con muebles, vomitar espeso, líquido, ya no vomitar, y salir a tomar aire a la inmensa madrugada de tu balcón. Entonces, mientras tu mundo giraba en el agujero del inodoro, esas caras ajenas volvían como bufones, seguían hablando de lo que no te importaba, diálogos agusanados, lenguas como lombrices penetrando en tus oídos muertos.

Pero ahora, desde que tu pluma había llegado, ahora que sus pelillos danzaban al viento, ser suave era una posibilidad. Si hasta te daban ganas de pensar en cosas lindas: la cola gorda de una sirena, el patio de tu infancia con su limonero, el charco barrial por el que navegaran tantos barcos con sus policiales, necrológicas, clasificados. Adiós barcos.

Al final, tu pluma era una reducida máquina del tiempo que te llevaba de un lugar a otro sin consultar. Eso te hacía tanta gracia que empezaste a reírte a puro diente. Cómo te hubiera gustado que ella riera con vos, dando saltos de hipo en la palma de tu mano. Entonces, nada en el mundo hubiera podido ser tan importante. Adiós pluma. Adiós.

viernes, 8 de mayo de 2009

MISIÓN CUMPLIDA




Hace un par de semanas, recibí este premio que es a la vez un MEME. Agradezco a Natxus el haberme tenido en cuenta y las palabras lindas que me ddedicó (sabés que el gusto es recíproco)

El Meme, consiste en contar ocho sueños personales y entregar el premio a ocho bloggers más, para que no se corte (y avisarles)

Acá van mis respuestas.


Sueño imposible 1
Tomar un café con el CRONOPIO más grande en un bar de París
(ser su Maga por un rato e inspirarle un cuento)


Sueño imposible 2
Cantar
(bien, off corse)

Sueño imposible 3:
No morir y que no mueran mis seres queridos
(en todo caso que el cielo sea una joda “eterna”, cuac)








Sueño de corazón
Saber que en el mundo no existe un solo niño que la esté pasando mal.
(me niego a que sea “imposible”)






Sueño de corazón 2
Que mi hijo sea una buena persona y feliz.





Sueño cholulo
Ejem...este me da vergüenza, pasemos a otro sueño.
(hagan sus apuestas, ja ja)






Sueño nómade
Conocer muchos lugares del mundo y mi país.

Sueño que alguna vez compartí en este blog
Escribir una novela (y que me guste)




GRACIAS POR EL PREMIO!!




Mis elegidos son todos aquellos que tengan ganas de contar los suyos!

lunes, 4 de mayo de 2009

Cochinadas


Los lectores de este blog sabrán disculpar el humor negro (o disfrutarlo) pero gracias a este post, y a este, y este otro...se me ocurrieron algunos chistes fáciles y no soportaría no compartirlos.
En caso de guardármelos estaría atentando contra las defensas naturales de mi organismo (el humor es mi única vacuna contra ciertas epidemias)
Así que aunque más no sea como método preventivo, comparto mis malos chistes con ustedes (no digan que no les avisé)

MEDIDAS PARA COMBATIR LA GRIPE PORCINA:

1) Culturales: evitar el consumo de los siguientes títulos:

Los Tres Chanchitos

Los Muppets


Babe, el chanchito valiente


2) Medidas comerciales: Quedan prohibida la venta de efectos personales alusivos al porcino.

Tazas

Aretes
Otros...

3) Medidas Económicas: NO al ahorro!

(inmediatamente comprendido por las chicas)




4) Medidas de Convivencia:
NO A LAS COCHINADAS





5) Medidas lingüísticas: Quedan terminantemente prohibidos los siguientes dichos populares:

"Tirar margaritas a los chanchos"

"Chancho limpio nunca engorda"

"La culpa no es del chancho sino del que le da de comer"

"Más difícil que chancho enjabonado"

Ahora en serio: lean este párrafo, es corto.


El laboratorio Gilead Sciences, Inc., con sede en California (EEUU), es el que tiene los derechos del supuesto remedio contra el mal que aterroriza al mundo. Y el directivo más conocido y poderoso de la firma es un señor que se llama Donald Rumsfeld y que fue secretario de Defensa de Bush. Un hombre que ya demostró ser duro y agresivo como pocos y que la gripe porcina actual, como la aviar de entonces, podría hacerlo todavía más rico de lo que ya es.

La nota completa en:


http://www.elconfidencial.com/cache/2009/05/02/salud_80_verdad_sobre_gripe_porcina.html

Y me voy con uno que no es mío pero ansío compense los malos chistes anteriores:



jueves, 30 de abril de 2009

UN TAXISTA MUY GAUCHO



Soundgarden en la mesa de luz (”In my eyes...indisposed”) y manotazo al celular que titila. Despego un ojo, el otro. Uhhhh, 6.50. Lo programo a las siete. Diez más, diez menos. Seven o´clock, Soundgarden segunda vuelta y ahora sí no queda otra. A correr descalza al baño y sentir el abrazo matutino de la lluvia (jabón rosa exfoliante y savia vegetal)


(“Black hole sun, Won’t you come, Won’t you come...”)


Lo que sigue es una mini maratón pero en sentido contrario (del baño a la pieza) La musculosa blanca del gato rosa es lo primero que asoma en el placard, como si supiera que hoy le toca. Pañuelo turquesa con brillo, bastante rimel y a esperar el taxi en la vereda para ver el cielo.

El taxista que frena, amaga a bajar, pero queda sujeto al cinturón de seguridad. Me pregunto ¿para qué querrá bajar este hombre? (la lógica sería que yo suba y no que él baje) Todo se devela cuando, desde su asiento, estira el brazo con la intención de vaciar su mate en un contenedor.

-Deme, deme, que para mí es más fácil.
-Bueno...muchas gracias. ¡Me da una bronca sacarme el cinturón!

Toma el primero (por cortesía) y me da el segundo (¡Qué buena onda este taxista! ¡Qué buen mate!) Eso sí, no para de hablar (y a mí que todavía me cuesta seguirle el hilo de la gripe porcina, la marcha contra la inseguridad y el dilema de una amiga suya que está por internar a la madre en un geriátrico)
Y en eso sale con un “¿Y cómo es éeeeeeel? ¿En qué lugar se enamoró de tiiiiiiii”? Y me dice en tono de comediante con falsa indignación: “Se me pegó, se me pegó Perales”.

Risa va, mate viene, no puedo dejar de pensar a quién se parece: colorado, muy flaco, dientes prominentes y sonrisa fácil.
¡Lo tengo!
Es un híbrido entre Garganta de Lata y Ungenio (¡PLOP!)


Garganta de Lata



Ungenio


Y así entre Piporé, Perales y Condorito, me deja en la primera cuadra de Rodríguez, donde bajo gustosa de pagar el viaje.

-Gracias por los mates...

Ahora, un edificio marrón me tapa el cielo, pero en un giro de 90º logro sortear el obstáculo (Ah, qué alivio, sigue estando ahí)

-Este cacho de celeste se viene con nosotros -le digo al felino de la musculosa-. Grabalo en tus pupilas gatunas.
(y él ronronea, señal que está de acuerdo)

viernes, 24 de abril de 2009

Punto rojo en el cielo




Una rana made in china y un globo rojo atado a la silla. Así la esperabas en el bar de la terminal, cuando a través del vidrio, la viste bajar del colectivo con su bolsón enorme que siempre intentaba arrastrar con el pie, como a un animal dormido. Te preguntaste cómo podía ser tan linda, a esa hora.


Su pelo largo y ondulado te traía la postal de la Venus de Milo y ese viaje gasolero por el primer mundo en que no les había quedado hostel piojoso por conocer. Sólo cuando hizo un gesto con la mano saliste de tu pensamientos, a su encuentro.

Lo primero que llamó tu atención fue no ver al remolino Laura, encima tuyo. No tener que hacer nada por detener aquel arrebato de besos y abrazos que imaginabas te despojaría de todos los regalos. No.


Laura se acercó caminando, casi como si no te hubiera reconocido y estuviera yendo hacia vos de la manera en que alguien se acerca a preguntar una calle. Pero te había reconocido, porque dijo "Hola Martín" y te abrazó como si te estuviera consolando de algo o esquivando el beso esperable después de semanas sin verse.


"Un mes no es nada, tonto, pasa volando", había dicho ella antes de irse. Ahora, en el mismo lugar, un mes después, todos sus movimientos parecían desmentirla. Cuando aflojó el abrazo, registró el globo y la rana de peluche.


-¿Son para mí?
-No, para el chofer del micro. Claro que son para vos, hermosa.
-Gracias, son re lindos (Laura en silencio, mirándose los pies)
- Ey, amor ¿Qué pasa? ¿Por qué estás así? No me asustes.


Apretaste su cara dulcemente y la obligaste a levantar la mirada. Su boca fría, como un pájaro muerto, te negó por segunda vez el beso mientras escondía la cara en la cortina castaña de su pelo. Por un instante, sólo se asomó su frente, y la escuchaste llorar.


-Mi amor ¿Te hicieron algo? ¿Alguien te hizo algo?
-Estoy bien, sólo quiero que hablemos. En otro lado.

-Bueno, el auto está por allá.


Una vez al volante, empezaste a darte cuenta de que te estaba dejando. Laura te estaba dejando. No podía ser. Tal vez estabas entendiendo mal y sólo te había engañado, había conocido a un francés con su estúpido acento amanerado y se había dejado llevar por el champagne, y la distancia, y lel fervor de lo nuevo, pero nada más (¿nada más? ¿de veras preferías un engaño?) Antes de hablar, te endureciste.


- Lindas tus zapatillas.
- ¿Qué?
-Digo, te deben gustar mucho, porque no dejaste de mirarlas desde que llegaste.
-No seas irónico.
- Y vos no seas vueltera. Largá todo. Si me vas a dejar, hacelo ya.



Un trámite. Laurita en la Obra Social, pidiendo la autorización de una orden. Laurita con ganas de que le firmen todo rápido para irse a la casa y alquilar una de terror o de acción. Y mirarla sin vos al lado, claro. Laurita enfermera preparando un discurso para amortiguar el golpe, diciéndote lo que aquellas viejas gordas de las salitas de barrio: "Ahora va a venir un mosquito y te va a picar". Hija de puta. No te va a doler.

Qué no somos los mismos (lógico, fuimos cambiando) Que nuestros besos ya no son apasionados (pasaron diez años, Laura) Soy yo, que no sé lo que quiero.


Por tercera vez, desesperado, apuraste tu lengua en el agujero de su boca, y ella te corrió la cara. Así no, terminemos bien. Su boca muerta (antes, red de mariposas, ahora, agujero negro) ¿Te doy asco Laura? (agujero por donde se te iba la vida sin que pudieras hacer nada por retenerla) No querer escuchar. No sentir el ruido de tu corazón cayendo desde la cima como una piedra frágil.


-Está bien, Laura. No te gastes. Ya entendí. Se terminó el amor.
-Tampoco lo digas así.

Al poner la marcha te dolió ver que la cara de Laura se relajaba, que su misión de mensajera había terminado. Darte la noticia y relajarse. El único protagonista del velorio, eras vos, el único familiar directo. Laura tan ajena. Lejana ¿Cómo no te habías dado cuenta? ¿Qué señales habías dejado pasar en tan sólo 30 días? ¿O venía de antes? ¿Qué ibas a hacer cuando ella bajara, cuando la puerta del auto, plaf, rebotara en tu tristeza, y vos, plaf, perro que esconde la cola porque no quiere entender que lo están dejando en la ruta? ¿Cómo ibas a retener su perfume, a fijarlo en el entramado gris de su asiento para acariciar tu rutina de casa al trabajo?


Ella te hablaba y vos te perdías en sus uñas rojas, que siempre te habían parecido pétalos de una flor muy pequeña, te perdías en el puño apelotonado de su pullover rojo tejido a mano, con la nostalgia anticipada de que ya nada era tuyo.


¿Te saludaría Laura desde la vereda de enfrente cuando la vieras caminar con otro bajo un paraguas cualquiera? Maldito cine yankee. Todos los clichés de Holyywood pisoteando la alfombra roja de tu cerebro. Ser caníbal, comerla, guadarla en tu estómago como un souvenir de lo que fue y lo que no fue. Empezar a llorar por ella, emborracharte, sentirte embarrado como si en tu pieza lloviera y vos fueras una planta de raíz débil . El lodo te va comiendo y no queda nada. El deseo de no ser, no estar, no abrir la ventana, ni atender el teléfono. Pero ¿Y si era ella?Te dejaba, te estaba dejando, y la rana de peluche te miraba con sus ojos de plástico. Fucking rana. Fucking cara de idiota pidiéndola en la juguetería, "A ella le fascinan las ranas", y la vendedora, "Qué tierno", mientras te daba el vuelto, "Ojalá le guste", y vos confiado, "Le va a encantar".

-Te quiero mucho, Martín.

Que no diga tu nombre, que no lo diga ¿Cómo se puede ser tan cruel dentro de ese enorme pullover rojo tejido a mano? Fucking rana. Ahora vas a ver. Te vas a quedar sin ojos. Vas a volar por la ventanilla. Volvé a las cloacas rana de mierda.

-¿Qué haces Martín? ¡Sos un hijo de puta! ¡Era mi rana!

Ella que baja del auto y vos que le bajás el bolso y la dejás ahí, parada en la puerta de su casa, con el globo en la mano. Te vas. Por el retrovisor la ves arrodillarse a levantar la rana y te sentís mejor. Cuánto te amo, Laurita enfermera. Decime otra vez que no me va a doler.
Ya pasó un mes, es la madrugada y estás durmiendo solo en una cama todavía muy grande. Despertás agitado por una pesadilla y volvés a escuchar las palabras de Laura: "Un mes no es nada, tonto". Vas a la heladera y te servís agua. La imagen del sueño te sigue los pasos. No querés pensar. No querés seguir viendo a esa fucking rana hundida en el charco del cordón. No querés ver a Laura, por el retrovisor, abriendo la mano, mirando como ese punto rojo se pierde en el cielo, mientras tu auto se aleja.


miércoles, 15 de abril de 2009

COLLAGE URBANO

Obelisco y Av. Nueve de Julio.


Esperando el subte.

Plaza Miserere

Este texto lo escribí hace algunos años, luego de un viaje a la capital.


La ciudad no tiene sexo. Es esta garganta enrojecida y enferma, empecinada en mostrarse. Perdida en el asfalto, no puedo ver los rostros. Cada esquina es un espejo roto. Giro sobre mi eje, levanto la vista. Alguien recortó los edificios, las estatuas, los carteles y los pegó en este collage. Tal vez todos seamos de papel –pienso- y me interno en la boca de un subte, en su mal aliento.

La máquina se aproxima, el sonido metálico es cada vez más fuerte; ahí está, disminuyendo su marcha paulatinamente, aunque sólo unos segundos, los necesarios para que los insectos bajen, caminen, se empujen y precipiten hacia luz, cadáveres desesperados por salir del nicho y echar a andar.

Las escaleras de Once me escupen a la calle y en Plaza Miserere son las dos de la tarde. Un pibe hace que toca el bandoneón y se limpia los mocos en la manga de su camisa a cuadros, tres talles más grande. Desde sus ojos me mira un hombre. Cómo darle la moneda que me pide, sin herir su dignidad.

La angustia es cómo un vómito, llega de repente, sin darme tiempo a contenerlo en la garganta. La angustia, esa babosa gorda, pegada al alma.

Esqueletos de papel publicitando ropa interior en rascacielos, taxistas apurados en apurarse, limpiavidrios, bolsas de nylon, ladrones, yuppies, choripanes, celulares con tapita y sin tapita, los insectombres del subte ahora en la calle, ricachonas con labiotox regodeando su lujo como pavos reales, peruanos, chilenos, japoneses, porteños.

Semáforo en rojo. Un viejo se para en medio de la calle, los brazos en cruz, de cara a los autos y gime una plegaria. Verde. Bocinazos. Todos aceleran. El viejo corre hasta la acera desgarbado como marioneta en manos de un desquiciado. Y yo lo sigo. No sé adónde va, ni qué busco en él.

Lo sigo por cuadras y recovecos, sin saber por qué, o sí, porque estoy perdida, porque sus ojos me recuerdan a los de mi abuela, redondos y sencillos. ¡Ah! los ojos de mi abuela, sólo en ellos podría dormir, tirarme en su arruga más profunda, como perro al sol , a soñar con un mundo sin cartoneros ni cartoneritos, sin niñombres, una ciudad entera de ñoquis con tuco, tortillas,orégano y arroz con azafrán.



miércoles, 1 de abril de 2009

Sabiduría Matteísta


Lugar: Habitación de Matteo, los dos boca arriba en la cama de una plaza con sábanas del Hombre Araña.
Hora: Siesta.

-Matteo: ¿Hasta donde me querés, mamá?

-Ani: Uhhh, hasta el cielo.

-Matteo: Pero eso es muy bajito.

-Ani: No, porque yo te quiero hasta lo más alto del cielo. Allá donde vive Papá Noel, y por eso no lo vemos.

-Matteo: (No muy convencido) aaaaah.

-Ani: ¿Y vos hasta donde me querés?

-Matteo: Te quiero hasta....hasta......hasta LA VIDA.


Inquietud lunática
-Matteo: Mamá ¿la luna vuela?


No es ningún banana
Yo siempre le digo a Matteo que comer bananas te hace crecer. Una noche en que la luna en cuarto creciente se nos metía en el auto, él hizo una extraña asociación Matteísta:

-Matteo: Mirá mamá, ya sé porqué la luna es como una banana.

-Ani: ¿Ah si? ¿Por?

-Matteo: Porque está creciendo.

miércoles, 25 de febrero de 2009

El extraño caso del jugador sin pelota


Barrio nuevo ¿alguien tiene un mapa? ¿Dónde están los quioscos, verdulerías, almacenes y placitas del lugar? ¿Help? ¿Du iu spik inglish? (te mudaste de barrio nena, no de país)
Tipo ocho, calor en retirada, Matteo y yo / Sherlock & Watson, salimos a investigar el terreno y como preguntando se llega a Roma, llegamos a un reseco terruño con cinco hamacas, un tambor y dos subibajas que bien podría ser una ruina del otrora ambicioso imperio.
El interés de Matteo dura: un envión por hamaca, 15 segundos en el tambor y menos de un minuto en el subibaja. Récord para el “Síndrome de entusiasmo volátil” que padece mi hijo en vacaciones (insiste con dejar su huella de helado y gaseosa en todas las plazas de la city, pero se aburre sólo de verlas)
¿A ver que hay un poco más allá? Pasto, pasto, pasto, Ups, una canchita. En realidad, dos arcos de fútbol enfrentados, que “hacen de”, separados por pastizales amarillos.

-“Dale mamita juguemos al fútbol”.

- “Te prometo que mañana volvemos ¿sí? (tonada premonitoria del “ya nos vamos”)

-“No, por favor, mamita, ahora ¡Por favor!

-“¡No tenemos pelota, hijo! ¿Con qué vamos a jugar? ¿Con una pelota invisible?

- Bueno ¡Dale!


Oh-oh... mis antenitas de vinil detectan la presencia del enemigo, mi propia, desafortunada, ¡maldita lengua!

“Serás esclavo de tus palabras”. Tarde. Media falta a la sabiduría popular. Me dispongo a patear una pelota invisible y festejar tanto o más que con el gol a los ingleses.


YO -¡Golazooooo! Sip, sip, sip! (brazos en alto) ¡Golazo de mamita!

MATTEO -No fue gol. ¡Si no tenés pelota, mamá!

Pum. Balazo a la euforia.
No hay dudas de que el pequeño Sherlock manipula a su favor las evidencias. Elemental Watson.




lunes, 16 de febrero de 2009

El cine de mi vida (parte 2)







Película: “Crepúsculo” (cinco estrellitas para la Revista Noticias)
Fórmula: Mamá-yo.


“Desde Titanic no se veía una historia de amor tan fascinante”, decía la crítica.

¿Cómo podía rechazar Adán la manzana más roja ofrecida por la única mujer del paraíso que, para empeorar las cosas, estaba cubierta sólo por hojitas?

No puedo-no quiero-no sé como- resistirme a las películas de amor.

Basta con que en el afiche promocional haya dos tortolitos fusionando sus photoshopeados labios para convencerme de que quiero/necesito verla. Por más estúpida, sosa, ñoña y almibarada que resulte.

Como si cupido soplara en mi cerebro con su aliento rosa y lo envolviera en una nube naif de aroma meloso, en cada incursión al videoclub termino alquilando bazofias acarameladas que, por supuesto, veo sola.

Me aburren las películas de Hollywood en las que el policía retirado decide seguir trabajando por su cuenta (algo surrealista en Argentina) y se convierte en una especie de Dios paralelo a la Fuerza capaz de adivinar el color de ojos del criminal con sólo mirar las tripas del fiambre.

Pero en cuestiones de amor, les creo todo.

Sí, en “Crepúsculo” sucumbí ante la historia de amor entre Bella (adolescente con cara de porcelana) y Edward (un vampiro de los buenos) Lo prohibido de ese amor, lo peligroso, lo hacía irresistible.

Si hasta lloré en una de las escenas en que él trepa, con su chica en andas, hasta el árbol más alto y le muestra el paisaje (después leí que fue la escena más criticada por los efectos especiales, no me importa, come torta, cuchillito que no corta, a mí me gustó)

Pañuelo descartable en mano salí del cine suspirando. Y eso me alcanzó. O no. A veces vuelvo a You Tube y sigo mirando los besos. Y a Edward. Ya sé, no tengo quince años. O sí.

Ya que estamos...recomienden alguna de amor!

jueves, 29 de enero de 2009

No olvidar, esa es la cuestión.






Día: Sabato Mattina.


Acción: Paseo en familia.


Destino: Balneario Parque Norte (Tornquist, paraíso de papá, no hay agua vivas, se puede nadar, sombrita por donde busques, arroyo, balde para juntar piedras)


Cómplices: Mamá, Papá, Hermano Nico (no es un gay con destino de monja, es mi hermano, se entiende) Matteo y Yo. Media Naranja de Ani, se queda en casa limpiando, como corresponde, y esperando el regreso con tortas fritas calientes (Emmmm ¿No fue así? Sí en mi mundo)


Camino al Balneario, lamento boliviano: “Uhhh, me olvidé la cámara.”

Respuesta de mi vieja (tono de Buda) “Las mejores fotos quedan acá adentro”, dedo índice dando golpecitos en su sien.


Mi “acá adentro” no es muy confiable, pienso. Se cuelga, se llena de virus (¿En qué año fue? ¿Yo? Esta película, jamás ¿Cuándo dije eso?) Reset. Eliminando archivos temporales. Norton, una mierda. Si desea continuar con la desinfección debe reiniciar el equipo.

La palabra escrita es mi "Vidamemoria". Lo que no escribo, no pasó. Aprieto los puños de las frases para sujetar cada imagen ¡Quieta ahí! ¡Ahá! Con que tratando de escapar ¿Se cree muy astuta? Diga de qué se ríe, así nos reímos todos. Escupa el chicle, por favor. No se fuma en el baño, tres amonestaciones”.


Vamos a mis instantáneas de Tornquist:

  • Papá con cara de ganador de medalla en torneo 4 x 4 cruzando con su Cangoo un arroyito del Balneario de 5 cm de hondo.
  • Caída familiar del gomón (Matteo, héroe del mini naufragio saliendo a flote airoso impulsado por chaleco inflable, orgullo de abuelos y baba de Ani)
  • Reposeras sobre las piedras del arroyo, pies agradecidos, “Do The Evolution” (Peral Jam) en el celular de Hermano Nico que traduce la letra (Sorry, ai dont spik inglish) Ojos cerrados, sólo su voz; abiertos, la arboleda.
  • Mamá ofreciendo sandwichitos (Gracias. No, gracias. ¡No! No quiero más) Coca Cola con hielo (Ah, refrescante, familia unita, naturaleza, placer líquido oscuro gaseoso accionando nuez de Adán de Hermano Nico, inmejorable publicidad) facturas (¿Hay bolas de fraile?) Chizitos (Paso) Mate (Más tarde, viejita) ¿Otro sandwichito? (¿No existe el "NO" en tu diccionario?)


Última instantánea:

  • Hermano Nico y yo, trepando a un árbol de cinco o seis metros desde donde algunos suicidas se arrojan al Sauce Chico. Sólo para valientes (Y machonas, diría la abuela Ana)


Yo:
A la cuenta de tres, al agua pato. Uno...

A coro con Hermano Nico: ...dos, tres.

Clavados perfectos a la vista de unos 15 o 20 espectadores que esperaban morbosos ver emerger cabecitas partidas.

Nada de eso ( Splash, Do the Evolution, Baby, estribillo gritado que gira entre árboles que emergen)

Hermano Nico y yo, salimos del fondo pulidos por la adrenalina, más brillantes que nunca, como dos estrellas que se descuelgan del cielo para nadar un rato.

jueves, 22 de enero de 2009

¿Adónde te creés que vas?


¿Tengo que explicar la foto? Upsss.
Bueno, soy yo en mi próxima vida, preparada para matar arañas.
Ah, por si no lo notaron, seré oriental



soy esa araña
corriendo
debajo de mi pie

que ahora ve llegar
la sombra
que no es otra cosa
que la proximidad de la suela.

suela en suelo
araña en sandwichito.

suelo matarme así,
por asuntos menores.

martes, 20 de enero de 2009

MARCAS



En la pared de la garita dice “Rock is not dead” y eso me pone triste. Delata cuánto hace que las paredes dejaron de ser el lugar donde dejar mi marca para ser sólo una pizarra de marcas ajenas.

Camino al trabajo, pienso, no hay nada que escribir, todo fue dicho. La señora gorda con los dientes manchados con labial que espera el colectivo me dice que tiene que pagar la luz y me canta el peso y la medida de sus cuatro hijos al nacer. ¿Hace mucho que esperás?, me dice, Desde las siete y treinta y cinco, Pero casi van a ser las ocho, Sí.


Llega la 517. Las monedas caen en la máquina expendedora de pasajes mientras imagino que es en realidad una fuente de promesas, como la Fontana di Trevi. Entonces pido mis deseos: quiero ser escritora, periodista, primera figura de espectáculo circense, traductora de inglés, cantante y amante de un poeta.


Dedo anular que se hunde en timbre vehicular por breve lapso. Bajo en la estación de servicio y compro chicles. La señora de los dientes manchados también dijo que la radio anunció 37 grados y que cuatro kilos doscientos es muchísimo para un bebé nacido por parto natural. No me gusta la palabra muchísimo.Mastico un Beldent y pienso que tal vez algún día pueda escribir esto, decir que tuve un hijo, doné un órgano, planté un árbol y escribí un libro. Uno de tapas duras, como esas flores de pétalos gruesos, resistentes al sol y a las heladas. La del libro, duele.


martes, 6 de enero de 2009

AL PIE



entre las victimas hay más de cincuenta civiles
veintiún niños
dice al pie.

veintiún cabezas
que no van a llegar
a los 32 dientes

que no van a saber
de los barquitos de papel
de Serrat

ya no

niños envueltos
en moscas
que no van a pestañear con los flashes
ni van a sonreír para la foto

el hombre
lobo del hombre
duele
pero el hombre

lobo del niño

ay

veintiún niños
con el rostro rígido
en esa

la mueca
previa al estruendo

jugadores de una rayuela sin cielo
de una escondida con la muerte
sin ventaja

no acunarán amantes
ni tomarán la fiebre de hijos imposibles
sus tumbas no tendrán nombre

no sueños de noches de verano
no lluvias
no barriletes

no se llevan nada
ni siquiera el llanto
de los que quedaron
y se arrodillan a orar
en suelo minado

niños envueltos
en moscas

ellos mismos fueron moscas

una araña poderosa teje su tela todavía.

viernes, 26 de diciembre de 2008

La libertad del Pajaruca


Pariente de Pajaruca


El cielo se cerró de golpe, como si todas esas nubes dispersas fueran soldados distraídos que ante la orden de un superior se amontonaran con torpeza formando una gran mancha homogénea.

Durante mi infancia, las nubes, “cuerpos gaseosos” según el manual Santillana, capítulo “ciclo del agua”, eran para mí como los copos de azúcar rosados que vendían en los carritos del parque y que le competían en sabor sólo a las manzanas acarameladas. La dificultad para comprobar esta teoría residía simplemente en la carencia de una escalera tan alta.

Ahora estoy en la ventana del living. Veo la lluvia y escucho el zapateo de las gotas sobre la canaleta. Y pienso en tantas cosas que no pienso seriamente en ninguna. Mientras divago por calles de la memoria, me llega un residuo de tele encendida. Matteo, bolsa de puflitos en mano, despatarrado en el sommier matrimonial y con las sandalias puestas, mira los dibujitos del Cartoon. Ya fui más de tres veces, le mordí suavemente una oreja, olí su cuello mugriento, le advertí que le toca bañarse, que Basta de tantos dibujitos –cosas que decimos todas las mamás y que alguna vez odiamos escuchar de las nuestras- y noté que no existía el más leve registro de su parte. Sólo él tiene la virtud de invisibilizarme, de hacerme sentir un fantasma.

Cuando emprendía mi retirada hacia el living, en otra de mis incursiones frustradas, un “quedate mamá” me detuvo en la puerta. Corrí hasta la cama como perro que acude a su amo luego de unas largas vacaciones y me tiré de clavado sobre él provocando esa risa que le achina los ojos y le hace mostrar las dos filas enteras de dientes de leche. Entonces hicimos aparecer a todos nuestros amigos, el “monstruo come-orejas”, la “abejita que duerme la siesta”, el “Ratón Pérez sin dientes”, y su favorito: “Pajaruca”, el irresistible.

Así nació PAJARUCA

Una tarde, cuando llegué del trabajo me enteré que Matteo había estado llorando en casa de los abuelos porque le ardía la espalda. El día anterior, se había excedido de pelopincho y risa va, juego viene, se pasaron de largo algunas precauciones.

Yo -¿Te ardía mucho, hijo? – con tono culposo.

Matteo –cara previa al llanto- ¿Cómo sabías? ¿Te contó un pajarito?

Yo –que siempre digo pavadas para distraerlo- Pajarito no, Pajaruca.

Matteo –muy tentado, hipeando de la risa- Pa Ja Ru Ca!

Yo –exitosa y entusiasmada- ¿Querés conocerlo?

Con anular, índice y pulgar simulo un pico de pájaro que le dice “Hola Matteo, soy Pajaruca”.

Matteo –Con ojos que parecen más enormes- Hola Pajaruca, yo soy Matteo.

Pajaruca -Sí ya sé que sos Matteo, pero mejor no me digas Pajaruca, es nombre de tontín.

Matteo –otra vez hipeando- Pajaruca-Pajaruca-Pajaruca-Pajaruca.

Pajaruca –ofuscado y agravando la voz- ¡Yo no soy ningún Pajaruca!

Y así, sesión de cosquillas y reiteración de la escena ad infinitum. En estos momentos, Matteo semeja un cinéfilo que no obstante haber visto una misma película más de 50 veces, vuelve a su escena favorita para repetir los diálogos en voz alta con tal deleite que imposible negarse.

Entonces, saco el brazo por la ventana y con tono de traginovela colombiana le ordeno “He dicho que te bañes sucio Pajaruca”. A esta altura Matteo se dobla de risa en el piso y por más que le diga al Pajaruca ya estuvo bueno de aguua, él no me obedece, abre su pico al cielo para atrapar gotones, en primer lugar, porque no le gusta que le digan lo que tiene que hacer, y luego, porque lo ponen de excelente humor las tormentas de verano
.

martes, 23 de diciembre de 2008

De como apagar un llanto y otras magias




Matteo arrastra su llanto desde la pieza y se me planta enfrente. Qué pasó hijo, Un bicho, un bicho me picó acá, muestra la axila, ¿A ver? No es nada, un poco colorado nomás. Él, en un claro mensaje de que no minimice sus afecciones, redobla el llanto. ¡Me aaaaaaaaaarde! Me arde muuuuuuuuuucho!, Ponemos una cremita y se pasa enseguida, No, no se pasaaaaa, Sí, dame que te soplo ¿Ves?, Aia mamita, Tengo una idea Mat ¿Y si compramos un helado? ¿Chasqui bum? ¿Huevito Kinder? ¿Chicle con tatuaje? Por un momento lo duda, corta el llanto en seco y evalúa los costos-beneficios de aceptar el trato. Lo tengo, ya es mío, lo tengo, afloja. Y no, ¡Me aaaaaardeeeee! No me queda otra que apelar a la hechicería. El realismo mágico de los niños supera hasta el momento más brillante de la pluma del dotado García Márquez. Recurro a Juancito, un amigo de papá que vive lejos y fascina a grandes y chicos con sus trucos de magia de herencia familiar. Yo te invoco, Oh Juancito Olea, a tí y a tus Poderes Mágicos, para neutralizar la picazón de mi hijo Matteo. Pausa efectista. Marketing casero. Bingo. El pez muerde el anzuelo. Ahora se seca las lágrimas con el repasador de animalitos de la granja que yo le arrebato de las manos para ponerme en la cabeza mientras cierro los ojos con aires de medium, Juancito Olea, dame tus poderes y cura a este niño, pu puf-pu puf, ¿Y? ¿Te curó? Mi niño, cara de algo que no termina de ser decepción plena, No tanto, Bueno, vamos de vuelta, Juancito “Pelado” Olea , lo de Pelado le hace gracia, un poroto para mamá, Dame tus poderes para curar esta axila, Ahora sí mamá, me curó un poquito, y se cuelga en mi cuello para agradecerme con un beso y bajar de la mesada, lugar donde tuvo lugar el conjuro.
Durante el resto del día Matteo no vuelve a quejarse de la picazón y eso me hace pensar, Qué genio este Juancito, che, ¿Será descendiente de Merlín?
Y ya cuando en el silencio nocturno no se escucha más que un Arrorró mi nene, Arrorró mi sol, y todo indica que Matteo está con un pie en el umbral del sueño y otro a punto, su vocecita pincha mi burbuja, Este Juancito Olea es medio choto, mamá, todavía me sigue picando.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Euge y Giuli



-¿Tenés ganas de leer? dijo Julio.



Julio es el hombre que eligió mi entrañable amiga Euge ("Putu" querida) para caminar a su lado. Y es más que eso. Es mi amigo, también.



-Siempre tengo ganas de leer, dije yo.



-Ya lo sé, dijo él, por eso te voy a dar esto- y me estiró su agenda-



Julio había venido a cenar a casa con Leo y Giuli. Euge estaba en una cena de fin de año.
Leo, con nuevo corte muy canchero y ansioso por chatear en la compu. Giuli, en brazos, sonriente, movedizo como agua de río.




-Bueno, dije yo, y agarré la agenda que me tendía como quien se dispone a leer algo liviano.


Pero él me retuvo la agenda, me miró a los ojos y me advirtió: "Vas a tener que leerlo en otra parte".


Claro, no era un texto cualquiera, era una carta de puño y letra, firmada por su corazón. Para Giuli, su hijo más pequeño, que hoy cumple un año.


Un año que parecen cientos, porque en estos 365 días Giuli tuvo que poner el cuerpo, las fuerzas y todo lo que tenía a mano para pelear por su vida.


Por eso comparto con ustedes la carta que Julio me dio hace unos días para que leyera a solas.


Cuando le sugerí publicarla, enseguida estuvo de acuerdo.


"Esto puede ayudar a otras personas", dijo, con el espíritu solidario que lo caracteriza.


Acá va la carta. Si creen que puede ayudarle a alguien que esté pasando por lo mismo, les pido que la impriman y la regalen. Es un lujo tenerla en mi blog.





Giuli:



Esta es tu historia...



Siempre soñé con traerte a este mundo porque quería tener otro hijo y Leo, que es tu hermano, quería su hermanito menor.

Todo comenzó el 20 de diciembre de 2007. Leíto estaba ansioso porque faltaba muy poco, papá preparando todo para llevar a mamá al hospital, quien se estaba perfumando y peinando para tu llegada.



Por fin llegó el día, a mamá la llevaron los doctores y Leo y yo nos quedamos afuera esperando. Pasó una hora y media y salió la efermera, y dijo en voz alta: ¿Papá de Giuliano? "Acá estamos" gritamos con Leo, y corrimos hacia vos. La enfermera te puso en mis brazos y nos miramos. Leíto dijo que parecías un viejito, ja ja, claro los bebés a veces lo parecen. Y yo te miré, y te miré, y te pido perdón hijo querido por mirarte así, pero te juro que lo hacía porque me di cuenta que algo no estaba bien y vos...



...vos lo sabías porque cuando me mirabas me estabas pidiendo ayuda. Esto se llama tener conexión entre un padre y un hijo, estoy seguro. Luego vinieron las visitas y todos me decían que me quedara tranquilo que no era nada, pero yo...yo no podía, y sabés por qué? Porque me acordaba todo el día de aquella mirada que tuvimos la primera vez que nos vimos, y fue en ese momento, ya de noche, cuando empecé a golpear todas las puertas del hospital. Alguien me tenía que decir algo, alguien tenía que saber lo que vos me querías decir y...



Y fue así. llegaron los médicos y tras hacerte muchos estudios nos dijeron muchas cosas malas, sí, que tenías esto, aquello, y que podías tener esto otro...uf, de todo, basta. Basta dije yo y me metí en un lugar solo y me puse a rezar, a hablar con Dios, le pedí que él decida pero que por favor no te haga sufrir, hasta llegué a pedirle que te convierta en un Angelito (perdón hijo de mi alma) pero era como un alivio para que no sufras, no te lo merecías.



Pero de repente dije NO!! Estoy loco, y te fui a ver en busca de tu mirada, nuestra mirada y vos...vos ahí estabas esperándome para unir otra vez nuestros ojos como dos guerreros que unen sus espadas y claro vos...vos necesitabas una porque la tendrías que usar unas cuantas veces y...



Ahí todo cambió, tu mensaje era que querías quedarte, luchar y hacer todo lo posible por estar con nosotros y...



Y yo dije SÍ!! Qué orgulloso que estaba, y solamente tenías un día de vida, y ahí fue cuando me di cuenta de que la palabra sufrimiento era un obstáculo fácil de vencer cuando se tiene...



Una "MAMÁ": que es una leona cuando se trata de sus hijos y que hizo y va a hacer todo por vos.



Un hermano: que te adora y está todo el día al lado tuyo.



Cuatro abuelos: que iluminaste sus casas cuando te vieron y dan sus vidas por vos.



Una Bisabuela: que habla todos los días con Dios por tu salud.



Muchos tíos: que están todos pendientes de lo que te pasa y nos ayudan en todo.



Muchos primitos: que te esperan para jugar.



Y muchos amigos de mamá y papá: quienes están desde que naciste, al lado nuestro y dan lo que sea por nosotros.



Y un papá que da su vida por sus hijos y que nunca, nunca, nunca se va a olvidar de la primera vez que nos miramos.



Te amo.

Papá.