viernes, 25 de marzo de 2011

Un problemita



La verdad es que yo no quiero, pero ella se lo busca. Me da letra. No puede ser tan, pero tan.

A veces pienso cómo salí, si no cuerda, por lo menos con todos los órganos en su lugar, de la infancia.

O es que mi madre está gagá desde hace poco, o es que, desde hace poco, me doy cuenta.

Estas dos frases, por ella pronunciadas, son un claro testimonio de lo que vengo diciendo (por si alguien no entendió)

--Qué lástima, al final, por tanto dar vuelta para sacar la entrada, me perdí el recital de SABRINA...

--¿Y? ¿Qué tal eso de salir a andar en ROCKLETS?

Para quien necesite más pruebas condenatorias, acá y acá podrán encontrarlas.

lunes, 14 de marzo de 2011

AGÜELA

Hay una dama inmortal que no puede ser más linda.
Aquella noche, en que cumplía 75 jóvenes años, pedí silencio y le leí estas palabras.

De mi abuela me gusta su alegría
sus soleras floreadas
sus labios pintados de coral
que huele siempre a recién bañada
sus tortillas
su compulsión por comprar cualquier cosa
--a cualquier precio--
a los vendedores ambulantes
sus tés de yuyos para mis panzas malas
su mano para curar el empacho
su voz quebrada para los tangos tristes
su pañuelo mojado sobre el cuello en las tardes de verano
su casa fresca a la hora de la siesta
sus anillos aparatosos
sus mates dulces
su heladera llena
su liderazgo vecinal
sus camisones rosas
sus acolchados peludos
su cara desorientada cuando recién se despierta
su costumbre de regalar repasadores
su manera encarnizada de mirar telenovelas
su fuente de fideos con tuco.

Ella, me gusta ella.

Feliz vida, reina!

lunes, 7 de marzo de 2011

Malabares



Hago malabares con incendios
los pateo y meto goles imposibles en arcos oxidados.

Luego salgo corriendo para que no me alcancen.

De un salto estoy en mi cielito de adentro
donde puede que esté nublado
o se haya activado la alarma antincendios
--y esté lloviendo--
pero se sabe que,
de un momento a otro,
los gallos cantarán
y los anillos volverán a pasear a sus abejas.

lunes, 21 de febrero de 2011

Lunares




Aquella noche bajé la luna.

No me costó nada,

estiré los brazos y se la quité al cielo como botón de un viejo saco.



Blanca y perfecta como una novia triste

como un pan leudado y silencioso

ahí estaba mi luna

sobre una arena pálida

sin alguien que supiera hacer alguna otra cosa que adorarla

o sentarse a pensar en su belleza.



Siglos después de contemplarla,

la revoloteé

nadé a su alrededor en la arena caliente

creándole anillos de Júpiter,

entré y salí por sus ojos desiertos como una lombriz luminosa

fosforescí

y me quedé a dormir en su boca más desnutrida

un agujero donde, sin embargo, hasta el frío era cálido.



Cuando desperté,

la marea nos había arrastrado

con su lengua de travesuras

hasta el ombligo del océano

que es, a la vez, el centro del verano

y así anduvimos

contando las arrugas

los naufragios

borrachas de profundidad desde la superficie.



martes, 15 de febrero de 2011

En el camino


Hay una casa, en medio de algún lugar, de un bosque, donde una pequeña vieja muy arrugada y encorvada abre siempre la misma pesada puerta de madera y te recibe con flores silvestres, mermeladas caseras y una tostadora desde donde el pan salta a la mesa como chorros de agua a tu boca.

Las habitaciones son frescas en verano y con coloridos cubrecamas artesanales que huelen a historia, en el invierno.

Cuando abrís la ventana entra el mundo.

Yo sé que algún día voy a llegar. Mientras tanto voy pisando las uvas del incierto camino para no olvidar que bajo mis pies el suelo fluye como el vino a las copas.

martes, 8 de febrero de 2011

Elocuencia

Cada mil y una horas
minuto más, ocaso menos
cito a mi alma
en bares de buena muerte.

Pido dos tragos bien cargados
y le pregunto sin rodeos, como los guapos de antes, le pregunto
qué carajo querés de la vida
alma
almita
pero ella enseguida llora
se desahucia
me dice que si supiera
se enreda el pelo en los dedos
y pierde su mirada en algún bicho que vuela
o que camina en el mantel.

Le digo
ponete de acuerdo
todo no se puede
todo es una palabra
todo
y ella se queda callada
con esos ojos tan de caída por el precipicio
que dan vértigo.

Sé que mientras yo le hablo
rueda
piensa en hipocampos
canta
dibuja pecas a las casas tristes
y les inventa una entrada con colchones de tréboles de cuatro hojas (y cuatro ojos)
cualquier cosa antes que escuchar las cuerdas
las cadenas

Entonces grito “¡Otra ronda que la casa invita!”
aflojo las muelas
bajo los hombros
dejo subir las burbujas
y tres o cuatro vasos más tarde
la cosa va queriendo.

Al emprender la retirada
ya me siento en sintonía con el universo,
con el vecino que sale a pasear a su perro y a comprar el diario
con los árboles torcidos
con las hamacas de colores de la plaza vacía
con los quiosqueros que levantan las persianas de chapa
con el piso que se mueve (ese techo bajo mis pies)
con las botellas vacías y los filtros de los puchos en el cordón
con los pulgosos puro perro que me siguen
con las piedras que configuran esta: mi constelación urbana post cita con el sinsentido.

Mi alma me acompaña hasta las sábanas
me acuesta
y se asegura de que no me quede un brazo colgando
o una pierna
(es muy sensible para estas cosas)
y se vuelve al bar sabedora de que
cuando despierte y vea en el espejo la cara de alguien sin alma,
voy a llamarla a gritos
aunque más no sea para convencerla
de la elocuencia
de una próxima cita.

miércoles, 26 de enero de 2011

Nora Roca canta:"A Leif Larsen"



Leif era un viejo pescador de Monte Hermoso que vivía de lo que pescaba e iba en contra de la corriente de las normas sociales. Muchos no simpatizaron con él. Otros muchos lo amaron.

Esta voz whitense del tango, Nora Roca, interpreta su versión, letra de un hombre bellísimo: Carlos Ceretti.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Incertidumbre



corren
mis caballos,
blancos, negros, marrones,
por una inmensidad sin tiempo.

no hay hacia dónde
simplemente correr
no escucho su carrera
solo sus corazones
tu tuc
tu tuc

como cuando se está bajo el agua

los veo en movimiento
el polvo
las crines
una actitud
y van
y van

no están tristes
alegres
ni desbocados

no se detienen
tu tuc
tu tuc

la llegada es el camino

el instante en que laten
es el único instante

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La historia de un amor

Si se trata de empezar, elijo Monte Hermoso, cuyas tardes de verano, ya por entonces olían a eucalipto, y a mar.

Pueblo muerto a la hora de la siesta, en un jardín prestado, yo juntaba caracoles. Caracoles vivos. Los había por cientos. Me gustaban por solitarios, por la extrema sensibilidad de sus ojos que se contraían ante el mínimo amague de contacto.

Durante el día, la nena de 11 años coleccionaba caracoles, por la noche, el asomo de mujer, soñaba con la fuerza rompiente de aquella voz prodigio.

El sueño tenía un nombre y un rostro: Luis Miguel.

“Fría como el viento, peligrosa como el mar, eres como un potro sin domar…”, sonaba el doble cassettera en la oscuridad de la habitación impersonal de una casa alquilada.

Grillos, penumbra, animarse a pensar en lo prohibido. Dar vuelta el cassette. Lado A. Lado B. La incondicional. Pupilas de gato. Por favor, señora. Culpable o no. Melodías sin tiempo a las que inventaba escenas, rostros, formas del amor. Mi propio videoclip.

***

Año 1992. Luis Miguel llega a la Argentina para dar dos recitales en el Luna Park. Del primer cajón de mi mesa de luz, saco una entrada. La beso. La vuelvo a guardar entre papeles de chocolatines y cartas con corazones flúo.

Esta vez, la ilusión es compartida. Mariela, mi casi hermana, remera Benetton fucsia, zapatillas foos de color, vomita en el colectivo que nos lleva a capital. La ansiedad por la proximidad del ídolo es para mí un laxante.

Entonces, la peor noticia: el padre de Luis Miguel agoniza en la cama de un hospital de Europa. Nuestros corazones se achican.

Él toma un vuelo Buenos Aires-Madrid pero no alcanza a sostener la mano viva de Luis Rey. Horas más tarde, de vuelta en suelo porteño, El Sol sale al escenario a demostrar que es grande.

América, de Nino Bravo, es un temblor en nuestros cuerpos adolescentes. Nos pellizcamos, para estar seguras. Estamos ahí. Y él también. Minutos antes sosteniendo la mano sin pulso de su padre, ahora, cantando.

“Cantar siempre ha sido una terapia”, dice por entonces.

***

Vélez Sarfield, Estadio Mundialista, Núñez, escenarios en los que somos testigos, una y otra vez, de su entrega.

“Yo sé que volverás cuando amanezca…¨, le pone letra y música a mi primer gran frustración amorosa. La escucho con auriculares en la hora de matemática de un aula de segundo piso de la Escuela Media Nº 3. Casi me la llevo a marzo. Pero las canciones las sé de pe a pa.

Inviernos de boleros, nuevas giras, su voz con alas, invitación a las alturas. Mudanzas, peleas, almanaques, elecciones, reconciliaciones. Todo, con sus discos de fondo. Vestigios de mar, colección de caracoles, eucalipto, grillos, alas.

***

miércoles, 1 de diciembre de 2010

COSA E' MANDINGA


I


El otro día me sonó el celu. Era la abu Ana.


Ani --Hola gorda.


Abu --Hola hijita ¿Pasa algo?


Ani --Nada ¿por?


Abu --Ah ¿Por qué llamabas?


Ani --Gorda, qué fumaste? Si vos me llamaste a mí.

Abu -- Yo no te llamé. A mí me sonaba el celular y cuando atendí eras vos. Yo estoy con La Mari que no me deja mentir. ¿No es cierto Mari? Decile a mi nieta.

La Mari --de fondo-- Sí, sí.


La abu Ana siepre busca testigos barriales-presenciales. Insistió hasta el final con que la llamé yo. Seguimos sin saber quién cuernos pagó la llamada.



II


Palabras que no reconoce mi fucking celular:


* dni o DNI


A cambio, me ofrece: fmi-emi-dog


¿Qué carajo tiene que ver mi Documento Nacional de Identidad con el Fondo Monetario Internacional, la discofráfica EMI o un maldito "dog"? Un poco perra soy (no adhieran)


* babas

Es llamativo porque sí reconoce su singular: baba. A cambio me ofrece cabar. Borges estaría a la puteadas. Cortázar se divertiría a lo loco.

* Ni hablar de los nombres propios. No tengo pretensiones de que los reconozca --se entiende-- pero en vez de Anahí soy cochi.



III

Hay un lugar de mi casa, un pasillo, por donde desde hace un mes o dos, mi perra Fiona no quiere pasar. No sabemos qué le pasa. Se resiste. Ni siquiera se deja tentar con bocados imperdibles. Probé con empanada de carne. Hasta con hamburguesa. Nada. Hay que arrastrarla tirando del collar. Es un tramo de un metro más o menos. Mi teoría es que en casa hay un Casper y que ella lo percibe. Por las dudas, el otro día, sentada sola en mi cama, le hablé al Ghost. Le dije: "Esta no es tu casa". "Tenés que irte porque acá vivimos nosotros", le advertí. Silencio. "Bueno, mirá, hacé lo que se te cante, pero no te me aparezcas nunca, eh, nunca". Hasta ahora, la convivencia es perfecta. Menos para Fiona que sigue tirando del collar.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Monólogo de La Thatcher




A veces mi vieja elige hablar, a respirar.


...no sabés soñé que me peleaba con Nico y me quería matar en serio me quería matar entonces me subía al edificio más alto y me quedaba en la cornisa no sabés un vértigo y como estaba tan descompuesta me decía Ma sí yo me tiro y me tiraba pero cuando estaba cayendo pensaba Qué boluda No era para tanto y cuando estaba llegando al suelo pensaba Ahora voy a sentir un golpe seco y me muero pero no cuando llegaba al piso caía tipo hada como flotando una sensación y salía caminando fresquita como una lechuga increíble y pensaba Viste tarada? Era el destino que no te tenías que morir...


Nota del autor: Nico es mi "hermanito" de 19 años.

jueves, 18 de noviembre de 2010

PARANOIAS payasescas

Imaginate que salís muy tarde de un Congreso muy interesante (tarde como para encarar la autopista Bs As-La Plata, en la que se convertiría en la segunda incursión al volante de tu amiga conductora)

Con actitud conservadora le sugiero a La Kruber: "¿Y si nos quedamos en lo de tu tía?".

Acepta enseguida, felíz de no tener que desafiar al tránsito porteño.

Su tía tiene una pensión en Once y nos recibe con cerveza y papas fritas. Hasta ahí, el paraíso, salvo porque este hostel está ambientado con objetos antiguos, colgantes. Un sórdido museo habitado donde, por momentos, sentís que esas cosas no te quieren ahí.

Entonces, con una servicialidad (¿Inventé una palabra? Ni ganas de googlear) que asusta, te prestan ropa para dormir y observás que las prendas huelen a no vos. Ahí le das cabida a los registros de tu Yo desorientado ("¿Qué hago en este lugar, en esta cama, con esta ropa?")


Cuando llegan las respuestas (salí de un Congreso, se hizo tarde, nos prestaron ropa, cama, habitación) aquel extraño rincón del mundo se vuelve amable. Hasta que...

... algo irrumpe en tu frágil equilibrio.

Una imagen que te observa desde el oscuro mueble que tenés justo frente a vos.



¡Es un mini IT! Y te mide como para desollarte mientras dormís.

--¿Este ente se va a quedar ahí toda la noche, mirándome? -- le digo a la Kruber, que ya está contando las primeras ovejas.
--Si querés lo sacamos.
--¿Estás loca? ¿Y dónde lo metemos? ¿En el mueble? ¿Y si el hijo de puta se escapa y vuelve solito hasta ahí y me doy cuenta de que está vivo? Naaaa, en esta no me agarra.

Por puro morbo, salto de la cama y me acerco hasta el engendro de porcelanato. Entierro mi dedo en su cabellera ficticia. Un espanto. Escalofríos.

Acto seguido le saco una foto (sí, sí, lo retrato para robarle el alma)

La Kruber se ríe de mi histeria, pega sus pestañas y a otra cosa. Todavía me pregunto cómo hice para dormir.

--Te juro que le ganó al payaso de La Tipa, --le digo a Abel, al otro día, contenta de estar en medio de tanta gente, otra vez en el Congreso, entre libros, micrófonos y gente.

jueves, 14 de octubre de 2010

De música ligera

* Cuando escucho Dont Speak de No Doubt, quiero romper la casa a lo Hulk, tirando sillas, revoleando ceniceros. Ser verde y enorme, quiero. Y hacer aaaaaaaaaaaaagggggggggggg con los brazos como Lou Ferrigno . En cambio, canto (cantar es una manera sutil de describir una serie de aullidos catárticos de un horrible inglés)

* Desde la península ibérica, Bebe, con Buscome se suma a mi ineficaz campaña antilípidos invernales depositados acá, justo donde aprieta el jean tiro bajo (sí, las bien conocidas chichas, un mal de moda) Y en la parte que canta “yo soy una montaña rusa que sube, que baja, que ríe, que calla...”, le saco chispas al caminador elíptico. Un día me voy a incendiar ahí arriba.

Hay un tema que sólo puedo escuchar en el sillón post limpieza total de la casa:
True Love Waits, de Radiohead.

*Si suena Amor a la Mexicana, de Thalía, aparece flotando --cual gato de Alicia en el país de las Maravillas-- la cara de Ana Mariela, reina de las madrugadas más ociosas, primera princesa del gin tonic y Miss Simptía de todos los que pudieran evitarnos el taxi del boliche al Rioba. Si la veo a mi primita haciéndose la mexicanota y gesticulando con dureza sensual: “PURA CAÑA, PURO AMOOOOOOOOOOOOOR”.

* Con Polaroid de locura ordinaria me enamoro. Qué se yo de qué. No me voy a poner a explicar el amor. Es algo que pasa o no pasa (esa es la mejor definición del amor que tengo en mi diccionario, no soy Neruda, viste?)

* Bienvenidos al tren es el cierre de las fiestas de la espuma de Hippodrome. Documentos empapados, un taxi que espera, borceguíes, minishort. Y ya en casa, mi vieja que se asoma a recibirme con cara de haber hibernado por años.

* Desesperada es Chocolate, a mediados de los 90 y mi amiga Euge sintiéndose Marta Sánchez. Robando miradas en la pista. Sabiendo que las roba. Una chica cool.

***************

La otra noche, después de la clase de telas, en el auto, encendí la radio antes de girar la llave para despabilar el motor.
Decía, la otra noche, sonaban los Guns.
Lluvia de noviembre pincelaba mi memoria cuando activé el limpiaparabrisas. Diluvié décadas. Aunque en Bahía sólo lloviznaba. Y era setiembre.



viernes, 10 de septiembre de 2010

A las piñas con las garrapiñadas




La semana pasada fui con La Thatcher --mi vieja-- a ver a Ismael Serrano. Cinco minutos antes de pasarla a buscar en el dunita, me cae un SMS.

--Espero la limusina.

Yo --Por supuesto, madame, no merece menos ¿lleva sus pieles?

Ella --Voy sencilla para pasar desapercibida ante los ojos de Ismael y por si me hacés empujar el auto.

Yo --Empujar el dunita sería lo mínimo que tendrías que hacer para amortizar el valor de la entrada...o el baile del caño, para el pancho y la coca.

Ella --Si hay que hacer algo deshonesto prefiero hacerlo yo antes que exponer a mi hija.

Yo -- Es que todo el tiempo me refería a vos.

Ella --Ja, pobre vieja, ¡entiende todo mal! Bueno, contá conmigo para traducirte las canciones.

Uno:

Aclaro a los fundamentalistas de la ecología que las pieles de mi madre no pertenecen a ninguna especie en extinción. Hay muchas más probabilidades de que se trate de un galgo desprevenido al que esquilaron en un barrio chino.

Dos:

Habrán notado que Ismael es español, por lo tanto, canta en español.

So, cuando La Thatcher dice que "cuente con ella" para "traducirme" las canciones es porque gusta de explicarme las letras IPSO FACTO, mientras la ronca voz del intérprete dibuja mundos paralelos, como si no pudiera comprenderlas por mí misma. My God. Años de terapia, llevo.

Para rematarla, en medio del recital se le ocurrió entrarle a las garrapiñadas.

--No estamos en el cine, ma.
--Ya sé, ya sé. ¡Señooooor! ¡Acá! ¡Queremos dos garrapiñadas!

Distingo que cualquier cosa se puede comer en cualquier lado --sí, sí, cualquier cosa, en cualquier lado he dicho-- pero ¡hay que tener en cuenta al prójimo inmediato!

O SEA... el crunch, crunch, crunch, de la masticada, ya de por sí indeseable en el cine, redobla su apuesta en un recital. Ni hablar del ruido del papelito.

Por si fuera poco, logró contagiar de esta fiebre de la garrapiñada a dos señoras de las cuatro décadas, ansiosas orales ellas, ubicadas en las sillas contiguas a la de La Tatcher. Muy cerquita. Y ya eran tres crunch, crunch, crunch, intermitentes, alternados.

Ya ven, soy una tipa de suerte.

:)


La noche en que mis ojos movieron los objetos






Anoche soñé que movía objetos con la mirada.

Fascinada por mi nuevo don hacía volar todo cuanto veía. Y cada vez que lo lograba me decía "es cierto, es cierto" y reía como loca, como cuerda.

Era en colores.

A las siete, cuando el celular activó su alarma, lo miré fijamente. Después me refregué los ojos y lo volví a mirar. Y otra vez. Y otra.

Pero no se movió ni medio milímetro de la mesita de luz.

Ufa.
Dos minutos después, miré fijamente el rollo papel higiénico en el baño, mientras me cepillaba los dientes.
Y a pesar de que tampoco voló, ni se mosqueó, me quedé todo el día con la sensación de que era cierto.
Las cosas se movían tal y como ordenaba mi mirada.


viernes, 3 de septiembre de 2010

Matteísmos must go on


I

--Papá...recién, en el cumpleaños, cuando nadie nos veía, decíamos mierda, culo, de todo...


II

La utilización Matteísta de los adjetivos, va in crescendo.

--Mamá, sos una vieja soqueta.

Lo de soqueta, vaya y pase. Puede ser. Ahora lo de vieja...

Le robo una frase a Joaquín: tan joven y tan vieja…like a Rolling Stone!


III

Matteo --Qué te pasa si comés plasticola? Porque L (un nenito del jardín) comió.

Yo --Y no le dolió la panza?

Matteo --No.

Abuela Silvia --Qué le pasa a ese chico que come plasticola?

Yo --Es un nene con problemas de conducta.

Matteo --No! No tiene problemas. Tiene un pedo en la cabeza...


IV
Previo nudo en la tela a la altura de sus brazos, Matteo presenta su propio show.

--Con ustedes la actuación de Matteo Sardina!!

Única espectadora, aplaudo con esmero desde el almohadón, en el piso.

--Ahora Matteo dará un vuelo increíble señores….un giro de setescientos GRAMOS

lunes, 30 de agosto de 2010

Tres Matteísmos y una Giulianada



Primer Matteísmo
A Matteo le gusta charlar mientras se baña. La cortina de la ducha le da cierta impunidad para decir todas esas cosas que, sin obstáculo de por medio entre emisor y receptor, muchas veces no se anima.

--Mamá ¿me querés mucho?
--Claro. Te amo.
--Ah, porque escupí por toda la casa. Era un secreto. Pero eso fue hace mucho…muuuuuuuuucho….cuando tenía…como cinco años.

(Tiene cinco años)

Segundo
Sale de su clase de básquet y ya en la puerta del club se le ocurre invitar a su amigo Oliver a jugar a casa. Pero su potencial huésped tiene otros compromisos. Entonces Matteo sube al auto decepcionado, pura lágrima y algo --bastante-- de arte dramático.

--Yooop noooopp seeeepp si esto se me va a pasar…. –-se ahoga estilo Chilindrina—No se me va a pasar con nada…noooop….con nada…o bueno…sí….con una cajita feliz capaz que se me pasa…

Tercer Matteísmo
Su papá está tomando sesiones de acupuntura por ciertas molestias de mediana data que la medicina tradicional no logra resolverle. Un día dijo, en presencia de Matteo, que si la coreana, al frente de la empresa agujística, le daba en la tecla, se casaba con ella.

--Papá se va a casar con la coreana?
--¡No! Papá hizo un chiste!
--Ah menos mal. Esa coreana es más vieja… --silencio-- Y a la noche, mientras estás durmiendo, te llena de agujas.


Giulianada
Giuliano tiene dos años y medio. Dice que le duele la cola y que quiere caca. Y en una de esas, "me pareció escuchar un lindo ruidito".
--Giuli, ¿te tiraste un pepe?
--¡No! Un pedo…


lunes, 9 de agosto de 2010

SE ACABO. ESTO RECIEN EMPIEZA.


Llegó el momento de reivindicarme. Esto lo escribí el lunes pasado. Hoy os lo comunico formalmente.


Hace tres meses que estaba con un fucking trabajo de parto. Horas y horas de entrenamiento para aprender a pujar y nada.

--Todo es cuestión de técnica –decían los especialistas.

--No te apures, no te apures. Ahí va mejor –se compadecían, a veces.

Y ahora que tengo en mis manos el fruto de este esfuerzo, advierto que mide lo que una falange y pesa menos que una uva.

Acabo de dar a luz a mi licencia de conducir.

Sí, ACABO (cualquier asociación con momentos placenteros de su vida íntima, se ruega compartir)

Pueden decirme Licenciada.

Y todos los que tengan interés en visitarme, recuerden que por un par de semanas, no hablaré de otra cosa más que de mi bebé.

viernes, 6 de agosto de 2010

Busco-me


“Somewhere over the rainbow….”, entro gritando a la redacción con todas mis ganas de recién amanecida y me siento frente a una computadora con mouse. Primer llamado de atención: mi computadora no tiene mouse.

Observo que el cajón de mi escritorio está sin llave y me sorprendo. Lo abro. Mi cajón no contiene, como este, dos reglas --una verde y otra blanca--.

Me invade un sentimiento de extrañeza que supongo hace que me vea como la máscara de la tragedia griega.

En un segundo todo mi mundo laboral conocido se esfuma en una nada que no alcanzo a descifrar.

Imaginen. Ustedes no abren la puerta de sus casas esperando encontrar del otro lado un chimpancé en medio de la selva golpeándose el pecho en un ritual de apareamiento. Ustedes esperan encontrar, cuales mascotas estáticas, los muebles de siempre.

Si hasta el monitor parece otro. Lo es.

Me acabo de sentar en el escritorio equivocado de la sección equivocada.

No miento.

--Hace mal la ginebra en ayunas --dispara un compañero testigo de mi pifia.

A mi favor, lo único que puedo decir es que la arquitectura de la redacción es confusa. Las computadoras están dispuestas en fila como incubadoras de la MATRIX.

La escena del desconocimiento de mis propias zapatillas se repite ahora con el escritorio. Algo estoy queriendo decirme, pero no me oigo.

No me recomienden ninguna pastillita porque enfrentaré esta situación a lo estoico.

Si voy a estar loca, prefiero que sea con lucidez.

domingo, 1 de agosto de 2010

Donde estás, Jhon Foos de mi vida que no...?



Lo primero que cada uno hace al finalizar la clase de acrobacia en telas es buscar sus zapatillas, ya que lo primero que uno hace al comenzar la clase es quitárselas. Sucede que para que el hallazgo se produzca, es menester recordar qué calzado se llevaba puesto.


No parece una tarea muy difícil, en eso coincidimos, pero no es mi caso.


Yo no sé si bajé mareada de la tela o llegué mareada a la vida --y las vueltas en el aire no contribuyen al equilibrio emocional--, pero hoy desconocí a mi propio par de Jhon Foos negras.


Al término de la clase, me paré delante de ellas y las negué tres veces para mis adentros, --una Judas total--.


--Mis pies no son tan grandes –pensé--.


--Estas zapatillas son de alguien que calza al menos dos números más que yo --me convencí--.


--Su dueña no las lava muy seguido --me dije.


Las vi ahí, cuales canoas ajenas, sucias y viejas y, por un momento, hasta tuve lástima de ese calzado huérfano y me solidaricé con su causa. Me faltaba aplaudir como cuando en la playa se pierde un chico.


--¿De quién son estas Jhon Foos negras?--, inquirí.


Silencio. Mis compañeos me miraron con el mismo desconcierto que mono de zoológico al que se le abre la jaula.


Casi en el mismo segundo que terminé de pronunciarla frese, me di cuenta. Eran mías. Y lo peor fue que ellos, también entendieron. La risa fue en efecto dominó.


Conclusión: mi pie creció, de eso no hay dudas, y algo está fallando en mi adaptación a estas paulatinas metamorfiosis. ¿Sigo creyendo que tengo pie de quinceañera?


Esto de distorsionar mis percepciones, empezando por la base que sostiene a todo el resto de mi anatomía, me inquieta.


¿Me reconoceré mañana al lavarme los dientes frente al espejo ? Se ruega a quienes me conocen no olviden, al menos, mi cara. A la brevedad, podría necesitar referencias.


Por lo pronto, lavé las zapatillas.