viernes, 15 de julio de 2011
Equilibrio
jueves, 7 de julio de 2011
Una de cal... (Sabiduría Matteísta)
-Dejá esa taza, mami, que te voy a hacer unos mimos.
El paraíso terrenal no puede tener otra consistencia que la de sus húmedos besos en mis mejillas afiebradas. Me prendo de su ofrenda como jubilada a la cartera a la salida del banco.
viernes, 3 de junio de 2011
La Ella que no es Yo
una última mirada
lunes, 30 de mayo de 2011
Péinate y anda
Cuando la tarde gris, fría y con amenaza de lluvia, no se ajusta a las expectativas que tenías sobre ella, hay que inventar.
Así que tras calzarme los patines eché a andar.
La pista circular al aire libre no estaba lo que se dice concurrida. Solo un Sr. Ciclista formaba parte de mi coreografía improvisada.
Al principio fue como siempre: impedida de atender otro asunto que no fuera mi cuerpo y su precario equilibrio, intenté controlar los furcios.
Delante y en curvas, el gris. Arriba, verde y mojado. Había empezado a lloviznar.
Pie va, brazos vienen, minutos más tarde era Natalie Portman en el Cisne Negro –claro que, objetivamente, mis movimientos eran más similares a los de un bailarín sin muchos reflejos ensayando los pasos de alguna rara danza nueva.
Así las cosas me complacía imaginar que el Sr. Ciclista, con su casco y sus calzas, disfrutaba tanto como yo del paisaje, de su respiración y que hasta, tal vez, repetía para sí alguna canción mientras le ganaba interiorimente una pulseada a la llovizna.
Pero mi sueño de armonía se derrumbó al mismo tiempo que mi anatomía rebotaba varias veces contra el cemento antes de quedar en una posición final digna del kamasutra.
El Sr. Ciclista pasó tan rápido por el bulto amorfo que significaba mi cuerpo que no alcanzó a frenar –por un momento pensé que había obrado aconsejado por la sabia vergüenza ajena.
El intento por reincorporarme fue menos decoroso que torpe pero no hubo testigos oculares.
Una vez con los sentidos en su lugar me pasé la mano por el pelo suelto que a esta altura era una especie nido, me sacudí un poco y eché a andar como si nada.
Así estaba, remando para volver a lo de Natalie Portman cuando escuché a mi espalda una voz que debía ser la del Sr Cicilista –y efectivamente lo era.
--Veo que estás bien. ¡Sos dura! –dijo, y pasó como un rayo.
Si supieras cuántas veces me caí, Sr. Ciclista.
Pero siempre me piené, me acomodé un poco y como fuera, volví a la pista.
En ese orden.
sábado, 14 de mayo de 2011
Pequeñas inquietudes
El pequeño era uno con su pierna-mamá y no había caso. Ella le pidió, le explicó, le ordenó, le gritó que la soltara --en ese orden. Pero el monito, colgado de su pierna-rama, entró con ella al baño. Cuando mamá se sentó en el inodoro a hacer pis, él observó todo con indisimulada curiosidad hasta que...post higiene materna sobrevino su cara de pánico.
-- ¡Mamá! ¿Por qué te sacaste el pitooooo?
II
Matteo --6 años-- se baña con espuma. Se recuesta sobre las burbujas y mira su cielo blanco algo descascarado desde la bañera. Sus profundos ojos negros hacen contraste.
--¿Sabés, mamá...? Cuando iba al jardín me gustaba una nena que se llamaba Yanina. Y ahora me gusta otra, pero de verdad. Porque antes, cuando era chiquito, no entendía nada... No sabía nada del amor.
III
El pediatra se asoma a la sala de espera para anunciar el próximo turno. Entonces ve a una mini ricitos de oro, con un caramelo en la boca.
--Te estás comiendo otro caramelo y a mí no me convidaste ninguno...
--¡¡No!! Te hace mal a la panza, doctor.
lunes, 2 de mayo de 2011
Amor en lista de espera
ojos negros
lienzo sin pintor
con los sentidos huracanados
se desmayó
en la guardia
en brazos de un pelirrojo
enfermero
que parecía un pájaro
el silencio era
ni siquiera el de los muertos
el de los tristes
toses
goteos
chirridos metálicos
en los pasillos
apellidos con hambre de un parte
aliento
un hachazo
cualquier cosa
antes que el silencio
de los tristes
el café de máquina
en la boca
como una pequeña
pobre fe
cuando despertó
el pájaro colorado estaba ahí
en la punta de la rama-cama
necesita suero
dijo
un corazón,
respondió pelo negro
ojos negros
literalmente
dijo
y él entendió que no bromeaba
se sacó una pluma
y rozó su nariz
sus labios
su esperanza
jueves, 14 de abril de 2011
Acertijo
Algo silencioso y continuo que, aunque con dificultad, me permitía respirar. No me había atragantado con un huesito de pollo, espina o cosa que se le parezca, sin embargo.
Tampoco era fruto de mi alergia natural a ciertos naturales verdes que me acecha en plazas, parques, patios de luz con plantitas y bosques del sur.
Abrí la boca como para tragarme el espejo y observé mis cuerdas vocales. Sin ser médica, intuí que todo estaba en su lugar y gozando de colores standard.
La campanilla se veía saludable en su húmeda trinchera. Me saludaba cual Heidi desde la cabaña del abuelo.
Traté de olvidar la molestia ocupándome en ciertos menesteres domésticos y otros: sacudí un sillón, preparé unos mates, leí un poco y hasta dejé que la crema de enjuague actuara en las puntas todo el tiempo que aconsejaba el envase, durante la ducha. Distractivos, todos, poco eficaces.
La cosa seguía ahí.
Pasaron más noches que días y yo seguí acarreando mi vano intento de hallar la causa de tal sentimiento de atore.
Hasta que puse en el campo de batalla todos los soldados. No más sacudir sillones. Abrí nuevamente la boca frente al espejo y, esta vez, ya sin antojo de evasivas, busqué el verdadero causante del síntoma que empezaba a treparse a mi mirada y a propagarse como una maleza.
Entonces advertí en mi garganta algo símil patita de mosca. Suavemente y evitando la arcada, la tomé entre mi índice y mi pulgar, como si de aquella pinza dependiera el descubrimiento de alguna importante vacuna.
Tiré apenas para comprobar la resistencia del hallazgo. Un poco más y aquello, no sin cierta tensión, empezó a salir.
De repente, para mi asombro, la símil patita de mosca se transformó en una letra, que al brotar a la superficie delató la presencia de otra, y esa de otra, y así. Una cadena de letras que saqué de mi boca como un mago su pañuelo.
Todavía no podía creer lo que estaba sucediendo cuando la panza de una O destapó por competo mi obstrucción. Serían algo más de una docena. No estaban todas las del abecedario. Y había algunas desconocidas.
Respiré con alivio mientras la serie de confusas grafías serpenteaban eslabonadas en mis manos temblorosas.
Desde entonces –hace siglos, a mi pesar-- armo crucigramas, anagramas, versos, canciones, poemas, grafitis, documentos, con la ilusión de que, algún día, o madrugada, me sorprenda habiendo comprendido qué –por fin-- quiero decirme.
![]() |
| El misterio del niño muerto, de la artista argentina Flavia Da Rin |
martes, 12 de abril de 2011
Crisálida
![]() |
| Crisálida, de Pablo Santín, artista marplatense. |
Y entonces,
viernes, 25 de marzo de 2011
Un problemita
La verdad es que yo no quiero, pero ella se lo busca. Me da letra. No puede ser tan, pero tan.
A veces pienso cómo salí, si no cuerda, por lo menos con todos los órganos en su lugar, de la infancia.
O es que mi madre está gagá desde hace poco, o es que, desde hace poco, me doy cuenta.
Estas dos frases, por ella pronunciadas, son un claro testimonio de lo que vengo diciendo (por si alguien no entendió)
--Qué lástima, al final, por tanto dar vuelta para sacar la entrada, me perdí el recital de SABRINA...
--¿Y? ¿Qué tal eso de salir a andar en ROCKLETS?
Para quien necesite más pruebas condenatorias, acá y acá podrán encontrarlas.
lunes, 14 de marzo de 2011
AGÜELA
lunes, 7 de marzo de 2011
Malabares
Hago malabares con incendios
--y esté lloviendo--
lunes, 21 de febrero de 2011
Lunares
martes, 15 de febrero de 2011
En el camino
Las habitaciones son frescas en verano y con coloridos cubrecamas artesanales que huelen a historia, en el invierno.
Cuando abrís la ventana entra el mundo.
Yo sé que algún día voy a llegar. Mientras tanto voy pisando las uvas del incierto camino para no olvidar que bajo mis pies el suelo fluye como el vino a las copas.
martes, 8 de febrero de 2011
Elocuencia
minuto más, ocaso menos
cito a mi alma
en bares de buena muerte.
Pido dos tragos bien cargados
y le pregunto sin rodeos, como los guapos de antes, le pregunto
qué carajo querés de la vida
alma
almita
pero ella enseguida llora
se desahucia
me dice que si supiera
se enreda el pelo en los dedos
y pierde su mirada en algún bicho que vuela
o que camina en el mantel.
ponete de acuerdo
todo no se puede
todo es una palabra
todo
y ella se queda callada
con esos ojos tan de caída por el precipicio
que dan vértigo.
Sé que mientras yo le hablo
rueda
piensa en hipocampos
canta
dibuja pecas a las casas tristes
y les inventa una entrada con colchones de tréboles de cuatro hojas (y cuatro ojos)
cualquier cosa antes que escuchar las cuerdas
las cadenas
Entonces grito “¡Otra ronda que la casa invita!”
aflojo las muelas
bajo los hombros
dejo subir las burbujas
y tres o cuatro vasos más tarde
la cosa va queriendo.
ya me siento en sintonía con el universo,
con el vecino que sale a pasear a su perro y a comprar el diario
con los árboles torcidos
con las hamacas de colores de la plaza vacía
con los quiosqueros que levantan las persianas de chapa
con el piso que se mueve (ese techo bajo mis pies)
con las botellas vacías y los filtros de los puchos en el cordón
con los pulgosos puro perro que me siguen
con las piedras que configuran esta: mi constelación urbana post cita con el sinsentido.
me acuesta
y se asegura de que no me quede un brazo colgando
o una pierna
(es muy sensible para estas cosas)
y se vuelve al bar sabedora de que
cuando despierte y vea en el espejo la cara de alguien sin alma,
voy a llamarla a gritos
aunque más no sea para convencerla
de la elocuencia
de una próxima cita.
miércoles, 26 de enero de 2011
Nora Roca canta:"A Leif Larsen"
Leif era un viejo pescador de Monte Hermoso que vivía de lo que pescaba e iba en contra de la corriente de las normas sociales. Muchos no simpatizaron con él. Otros muchos lo amaron.
Esta voz whitense del tango, Nora Roca, interpreta su versión, letra de un hombre bellísimo: Carlos Ceretti.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Incertidumbre

mis caballos,
blancos, negros, marrones,
por una inmensidad sin tiempo.
simplemente correr
solo sus corazones
tu tuc
tu tuc
como cuando se está bajo el agua
los veo en movimiento
el polvo
las crines
una actitud
y van
y van
alegres
ni desbocados
tu tuc
tu tuc
es el único instante
miércoles, 8 de diciembre de 2010
La historia de un amor
Pueblo muerto a la hora de la siesta, en un jardín prestado, yo juntaba caracoles. Caracoles vivos. Los había por cientos. Me gustaban por solitarios, por la extrema sensibilidad de sus ojos que se contraían ante el mínimo amague de contacto.
Durante el día, la nena de 11 años coleccionaba caracoles, por la noche, el asomo de mujer, soñaba con la fuerza rompiente de aquella voz prodigio.
El sueño tenía un nombre y un rostro: Luis Miguel.
“Fría como el viento, peligrosa como el mar, eres como un potro sin domar…”, sonaba el doble cassettera en la oscuridad de la habitación impersonal de una casa alquilada.
Grillos, penumbra, animarse a pensar en lo prohibido. Dar vuelta el cassette. Lado A. Lado B. La incondicional. Pupilas de gato. Por favor, señora. Culpable o no. Melodías sin tiempo a las que inventaba escenas, rostros, formas del amor. Mi propio videoclip.
***
Año 1992. Luis Miguel llega a la Argentina para dar dos recitales en el Luna Park. Del primer cajón de mi mesa de luz, saco una entrada. La beso. La vuelvo a guardar entre papeles de chocolatines y cartas con corazones flúo.
Esta vez, la ilusión es compartida. Mariela, mi casi hermana, remera Benetton fucsia, zapatillas foos de color, vomita en el colectivo que nos lleva a capital. La ansiedad por la proximidad del ídolo es para mí un laxante.
Entonces, la peor noticia: el padre de Luis Miguel agoniza en la cama de un hospital de Europa. Nuestros corazones se achican.
Él toma un vuelo Buenos Aires-Madrid pero no alcanza a sostener la mano viva de Luis Rey. Horas más tarde, de vuelta en suelo porteño, El Sol sale al escenario a demostrar que es grande.
América, de Nino Bravo, es un temblor en nuestros cuerpos adolescentes. Nos pellizcamos, para estar seguras. Estamos ahí. Y él también. Minutos antes sosteniendo la mano sin pulso de su padre, ahora, cantando.
“Cantar siempre ha sido una terapia”, dice por entonces.
***
Vélez Sarfield, Estadio Mundialista, Núñez, escenarios en los que somos testigos, una y otra vez, de su entrega.
“Yo sé que volverás cuando amanezca…¨, le pone letra y música a mi primer gran frustración amorosa. La escucho con auriculares en la hora de matemática de un aula de segundo piso de la Escuela Media Nº 3. Casi me la llevo a marzo. Pero las canciones las sé de pe a pa.
Inviernos de boleros, nuevas giras, su voz con alas, invitación a las alturas. Mudanzas, peleas, almanaques, elecciones, reconciliaciones. Todo, con sus discos de fondo. Vestigios de mar, colección de caracoles, eucalipto, grillos, alas.
***
miércoles, 1 de diciembre de 2010
COSA E' MANDINGA

I
El otro día me sonó el celu. Era la abu Ana.
Ani --Hola gorda.
Abu --Hola hijita ¿Pasa algo?
Ani --Nada ¿por?
Abu --Ah ¿Por qué llamabas?
Ani --Gorda, qué fumaste? Si vos me llamaste a mí.
Abu -- Yo no te llamé. A mí me sonaba el celular y cuando atendí eras vos. Yo estoy con La Mari que no me deja mentir. ¿No es cierto Mari? Decile a mi nieta.
La Mari --de fondo-- Sí, sí.
La abu Ana siepre busca testigos barriales-presenciales. Insistió hasta el final con que la llamé yo. Seguimos sin saber quién cuernos pagó la llamada.
II
Palabras que no reconoce mi fucking celular:
* dni o DNI
A cambio, me ofrece: fmi-emi-dog
¿Qué carajo tiene que ver mi Documento Nacional de Identidad con el Fondo Monetario Internacional, la discofráfica EMI o un maldito "dog"? Un poco perra soy (no adhieran)
* babas
Es llamativo porque sí reconoce su singular: baba. A cambio me ofrece cabar. Borges estaría a la puteadas. Cortázar se divertiría a lo loco.
* Ni hablar de los nombres propios. No tengo pretensiones de que los reconozca --se entiende-- pero en vez de Anahí soy cochi.
III
Hay un lugar de mi casa, un pasillo, por donde desde hace un mes o dos, mi perra Fiona no quiere pasar. No sabemos qué le pasa. Se resiste. Ni siquiera se deja tentar con bocados imperdibles. Probé con empanada de carne. Hasta con hamburguesa. Nada. Hay que arrastrarla tirando del collar. Es un tramo de un metro más o menos. Mi teoría es que en casa hay un Casper y que ella lo percibe. Por las dudas, el otro día, sentada sola en mi cama, le hablé al Ghost. Le dije: "Esta no es tu casa". "Tenés que irte porque acá vivimos nosotros", le advertí. Silencio. "Bueno, mirá, hacé lo que se te cante, pero no te me aparezcas nunca, eh, nunca". Hasta ahora, la convivencia es perfecta. Menos para Fiona que sigue tirando del collar.
sábado, 20 de noviembre de 2010
Monólogo de La Thatcher

jueves, 18 de noviembre de 2010
PARANOIAS payasescas
Con actitud conservadora le sugiero a La Kruber: "¿Y si nos quedamos en lo de tu tía?".
Acepta enseguida, felíz de no tener que desafiar al tránsito porteño.
Su tía tiene una pensión en Once y nos recibe con cerveza y papas fritas. Hasta ahí, el paraíso, salvo porque este hostel está ambientado con objetos antiguos, colgantes. Un sórdido museo habitado donde, por momentos, sentís que esas cosas no te quieren ahí.
Entonces, con una servicialidad (¿Inventé una palabra? Ni ganas de googlear) que asusta, te prestan ropa para dormir y observás que las prendas huelen a no vos. Ahí le das cabida a los registros de tu Yo desorientado ("¿Qué hago en este lugar, en esta cama, con esta ropa?")
Cuando llegan las respuestas (salí de un Congreso, se hizo tarde, nos prestaron ropa, cama, habitación) aquel extraño rincón del mundo se vuelve amable. Hasta que...
... algo irrumpe en tu frágil equilibrio.
Una imagen que te observa desde el oscuro mueble que tenés justo frente a vos.
¡Es un mini IT! Y te mide como para desollarte mientras dormís.
--¿Este ente se va a quedar ahí toda la noche, mirándome? -- le digo a la Kruber, que ya está contando las primeras ovejas.
--Si querés lo sacamos.
--¿Estás loca? ¿Y dónde lo metemos? ¿En el mueble? ¿Y si el hijo de puta se escapa y vuelve solito hasta ahí y me doy cuenta de que está vivo? Naaaa, en esta no me agarra.
Por puro morbo, salto de la cama y me acerco hasta el engendro de porcelanato. Entierro mi dedo en su cabellera ficticia. Un espanto. Escalofríos.
Acto seguido le saco una foto (sí, sí, lo retrato para robarle el alma)
La Kruber se ríe de mi histeria, pega sus pestañas y a otra cosa. Todavía me pregunto cómo hice para dormir.
--Te juro que le ganó al payaso de La Tipa, --le digo a Abel, al otro día, contenta de estar en medio de tanta gente, otra vez en el Congreso, entre libros, micrófonos y gente.












